martes, 9 de abril de 2013

Alfredo Alcón: Final de partida



Alfredo Alcón: "Beckett se te mete en las vísceras"

El elogiado protagonista y director de "Final de partida", de Samuel Beckett en el San Martín, reflexionó sobre su relación con el dramaturgo irlandés y el afecto que recibió a través de su carrera.

"Mi relación con Beckett es de admiración, está de más decirlo, y cada vez que leo una de sus obras es como entrar en un mundo donde no sabés dónde te va a llevar -dijo en charla con Télam-, lo que me gusta es que no apela a la parte intelectual de uno sino que se te mete en las vísceras, ese tipo está vivo, no es un reflexólogo."

Según el eminente actor, "parece que su obra estuviera escrita con el alma, aunque uno se confunde cuando quiere explicar los estados de un gran maestro, un gran poeta como es él, que va directamente a unas zonas que te hacen olvidar que estás en una platea, que sos un espectador".

"No se sabe a dónde te va llevando y eso es enriquecedor, divertido, apasionante, y cada vez que me encuentro con la obra (que ya hice hace muchos años para la inauguración de la sala Andamio 90) vuelvo a disfrutar con ella", añadió, para recordar cómo llegó a su conocimiento.

"Yo estaba -cuenta- en España haciendo `El público`, de Lorca, y un compañero de elenco me dijo: `Ahora que te conozco un poco, mañana te voy a traer una cosa que a ti te va a dar vuelta la cabeza; mañana lo verás`, y me trajo `Final de partida`".

Alcón la leyó cuatro veces en un día y por la noche se despertaba para repasarla: "Me había enamorado, literalmente, de la obra, por eso no quise que nadie la dirigiera, yo quise contar qué me pasaba a mí con eso, no me interesaba que alguien me guiara. He vivido una aventura apasionante, quedé metido en unos mundos que yo no sé si habría  conocido si no hubiera leído `Final de partida` o `Esperando a Godot`".

"Me asombra cómo retrata Beckett la dificultades de las relaciones, los silencios, y cuando se lee el texto resulta que es una partitura musical; digo que la dirigí pero lo que hice fue leer esa partitura que dice `pausa larga`, `pausa corta`, `cinco pasos`, `silencio`, `pausa`", ejemplificó.

En este sentido, el actor y ahora director destacó que "no hay más que seguir con esa conducta que te va llevando a una respiración conducente a ese clima que no tiene límites, cada persona que la ve cuenta una cosa distinta de qué le pasó y qué quiere decir la obra, son aventuras muy personales".

"Me emociona porque es un lujo estar haciendo esta obra en esta sala (Casacuberta) del San Martín, que yo adoro porque aquí he trabajado mucho -señaló- y donde me siento muy querido por los técnicos con los que he trabajado".

"Desde que empecé y a través del tiempo ha venido gente nueva con los que nos vamos haciendo amigos, porque una función de teatro la hacen todos los que intervienen en ella, no sólo los actores", contó sobre la experiencia de la puesta que estrenó a fines de marzo.

Alcón señaló que necesita de los técnicos "aunque ellos quizá no sepan que son tan necesarios, pero hay algo por debajo, más allá de las palabras, que con el tiempo deriva en una relación que con el paso de los años yo llego al teatro y me saludan como si me hubieran visto ayer".

Ante la observación de que cada uno recoge lo que siembra, apuntó que "si no hay buen cosechador no hay buena siembra; yo creo que la capacidad de afecto no depende de uno, hay gente que te quiere aunque lo único que hiciste fue cumplir lo mejor posible con tu papel, me podrían admirar por eso, y admirar está bien, pero uno necesita de alguien por estar enfermo o triste, la admiración no te da calor, el afecto sí".

"Lo que yo siento es que con el tiempo se ha ido haciendo una relación afectuosa entre el público y yo, al punto de que cuando me ven por la calle no me tratan con admiración sino que me dicen `Alfredito, estás más flaco, estás más gordo`, y eso no se puede pagar con nada", apuntó.

Para él, "el afecto es generosidad del otro, por mejor que vos seas, si el otro no apunta al camino del afecto se queda en la admiración, pero cuando se preocupan por saber cómo es uno, qué necesita, allí comienza el verdadero diálogo".

Fuente: Télam

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