viernes, 15 de febrero de 2013

Eva Halac: En familia y Ceremonia de hombres solos



Valores consagrados puestos en cuestión

En familia, de Florencio Sánchez, narra las peripecias de una familia venida a menos. Ceremonia de hombres solos, de Humberto Riva, cuenta el encuentro de cuatro amigos aristócratas.

“Me resulta muy divertido cuestionar en el teatro valores sociales tan arraigados”, asegura a Página/12 Eva Halac. Titiritera, directora y autora, pero también licenciada en Ciencia Política: su mirada de la sociedad se trasluce a través de los personajes de sus obras, de sus puestas y, claro, de sus palabras: “Borges diría (por lo menos de los argentinos) que somos individuos y no ciudadanos. Entonces, cuando se descubre esa dificultad hay una necesidad de organizarse. Por supuesto que es una ficción, siempre se supo, y ahora quedó como parte de un deber-ser, diría, con una serie de valores que no sé hasta qué punto no pueden ser cuestionados nunca más. Y creo que si no hacen a la felicidad, deben ser cuestionados”, postula. Y mucho de eso hay en las dos propuestas que tiene en cartel: En familia, la obra de Florencio Sánchez que narra las peripecias de una familia venida a menos, y Ceremonia de hombres solos, de Humberto Riva, que cuenta el encuentro de cuatro amigos aristócratas que “matan el tiempo” jugando a la ruleta rusa.

En familia, escrita en 1905, le sirve a Halac para poner en debate la relación filial y lo que representa el trabajo en la sociedad: “Hay valores que son también de la sociedad, como que los padres tienen que hacerse responsables de los hijos. Esto para mí es un mito cultural, que si no tuviera la carga de valor con la que está instalado, se desarmaría”, intuye, y agrega: “La otra idea que cuestiona Sánchez es la de la dignidad del trabajo”, adelanta. Y en Ceremonia de hombres solos, ambientada en el gobierno de facto de Uriburu, pone en escena una mirada social pero desde otra perspectiva: una aristocracia que no necesita trabajar y, sin embargo, vive desesperada: “Me interesa no juzgar a los personajes desde el punto de vista social, sino exponer a esas personas en toda su dimensión humana. En eso consiste la obra, porque más allá de que son de clase alta, quería mostrar su desesperación. El desafío es que pueda lograr una identificación con el público”, afirma.

–¿Hay una problemática general detrás de estas historias? ¿O son específicas de estos personajes en estas situaciones?

–No creo que haya problemáticas específicas. Hay situaciones específicas que se dan en cada una de las personas. Por eso las obras de teatro son todas distintas, aunque traten de la misma clase social. Hay una aventura detrás de cada persona y un pensamiento que es, en el fondo, indescifrable. Yo no puedo decir que esto es una problemática general. En En familia es uno de los temas: la crisis de autoridad, el rol del padre que no funciona, que nadie lo quiere, y viene un hijo y asume esa autoridad. Hay algo a la deriva en la familia, y me gustan los personajes que están en esa deriva... No porque no supieran cómo resolverlo: si van para atrás, vuelven a la cadena de montaje. Pero una vez que salieron de ahí, y la reconocieron, se dan cuenta de que el camino afuera de eso es riesgoso, es una aventura, puede salir mal, y las decisiones son por cuenta propia. Y ese es uno de los grandes temas que veo hoy, porque en general es muy difícil hacerse cargo de las propias decisiones. No hay responsabilidad hacia los otros, hacia la sociedad.

–En las dos obras hay ciertos valores asignados a las clases, como que la aristocracia no puede ni debe trabajar, y sobre eso se montan las historias que se cuentan...

–La madre en En familia dice “Pertenecemos a una clase social perfectamente definida en la que, entre muchos otros inconvenientes, tiene que no se puede salir más de ella” (risas). No es un tema de aristocracia, es un tema cultural, incluso de la clase media. Fijate que ciertos trabajos “corresponden” a las clases medias, o altas, y otros “corresponden” a las clases bajas. No lo podemos considerar como algo natural. Hay algo extraño en eso: personas a las que “naturalmente” se les ocurre ir a limpiar las casas de otros y personas a las que jamás se les ocurriría. Me parece que ese tema cultural está relacionado no sólo con lo económico, sino también con un orden, que está solapado pero existe. Y hablamos de eso como ya establecido, como si fuera a continuar.

–Es como un juego de máscaras...

–Humberto Riva es un autor que conocí mucho, un tipo muy divertido, con mucho humor, pero también preocupado por temas esenciales. Y creo que encontró en estos cuatro hombres que se encuentran en una quinta de la provincia de Buenos Aires, que juegan a la ruleta rusa, una situación fértil para trabajar estos temas: jugar a la ruleta rusa significa que la vida no tiene sentido, la muerte tampoco. Es absolutamente insignificante. ¿Cómo darle valor a esa muerte? Es muy ambiguo: son jóvenes, tienen toda la vida por delante. Además de todos los otros temas que se dan, del valor de la vida a partir de situaciones muy precisas que se dan en la obra. En Ceremonia... no se resuelve, es un planteo. Yo no tengo la solución, pero siempre vivo como algo extraño que se hable de temas que están instalados culturalmente y que parecería que son hechos naturales.

* En familia se presenta los viernes, sábados y domingos a las 21 en el teatro 25 de Mayo (Av. Triunvirato 4444) y Ceremonia de hombres solos, los sábados a las 20.30 en Andamio 90 (Paraná 660).

Fuente: Página/12

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