viernes, 4 de enero de 2013

Agustín Alezzo: Los justos



"Sólo prendo la tv para mirar películas"

El prestigioso director que repone Los justos, una pieza de Albert Camus, reflexiona sobre su vida en los escenarios y reniega del mote de "maestro". "Eso lo dejo para los grandes", asegura.

Las cosas que no son desafíos son pavadas." Agustín Alezzo detiene el andar de su mecedora y acerca su cuerpo hacia la mesa donde está ubicado el grabador, como para asegurarse de que quede bien registrado eso que está diciendo. Porque él, hombre de teatro, sabe como nadie que la palabra tiene un valor que trasciende el decir.
A los 77 años, el célebre director y maestro de actores se prepara para reponer Los justos, una obra de Albert Camus que lo emociona profundamente. "Al terminar la primera temporada, nos reunimos con todo el elenco y pedí que se repasara el texto para reajustar algunos movimientos. Lo escuchaba y me conmovía, tal como ocurrió la primera vez que lo leí, hace muchos años", confiesa.

–¿Qué es lo que lo conmueve?
–La mirada sobre la humanidad, una mirada que comparto totalmente.
–¿Recuerda en qué momento tomó contacto por primera vez con este texto?
–Tenía 20 años. Por entonces ni siquiera pensaba en dirigir, pero ya actuaba. El tema es que cuando terminé el secundario, me vi obligado a entrar a una facultad por disposición familiar; entonces pensé que la carrera de Derecho era la más "digerible", lo cual no era verdad (risas). Ahí empecé a hacer teatro paralelamente a actuar.
–Sin embargo, no fue hasta ahora que decidió llevarla a escena. ¿Qué lo demoró tanto?
–Es muy difícil la pieza, está apoyada sobre la historia de cinco jóvenes, casi adolescentes. Y hace referencia al movimiento anarquista que hubo en el año 1905 en Rusia y que resultó abatido totalmente antes de la Revolución Bolchevique. Es muy interesante porque toma este hecho como punto de partida para invitarnos a pensar en nuestra relación con la política, así también como en las responsabilidades que tenemos desde todo punto de vista como seres sociales.
–¿Cree que hay obras que necesitan de un determinado contexto para ser puestas en escena?
–Creo que las grandes obras son para cualquier tiempo, trascienden cualquier contexto. Molière, Shakespeare, todos los grandes autores se han mantenido durante siglos porque sus mensajes nos siguen tocando, siguen hablando de nosotros, de la naturaleza humana, de la resistencia, de las relaciones... Esos son los grandes temas.
–¿Esos han sido los temas con los que ha elegido trabajar?
–No sé por qué elijo las obras que elijo. Simplemente me enamoro de ellas, y es difícil de entender el amor. Lo que sí sé es que jamás haría una obra cuyo mensaje no compartiera.
–¿Siempre pudo elegir los textos que quería dirigir?
–Siempre, nunca hice nada que no quisiera. Tengo el no muy fácil...
–¿Fue difícil dejar atrás al Alezzo actor, allá por 1972?
–No, porque nunca le dije adiós. No lo decidí, pero resulta que la tarea de dirigir y la tarea docente me ganaron totalmente. Son esas cosas que no se pueden explicar... A mí me parece que planificar mucho en la vida es perder el tiempo, porque siempre las cosas salen distintas a como uno las piensa, siempre surge algo que lo cambia todo. Planificar para lo único que sirve es para entretener el tiempo.
–¿Nunca se tentó con volver a actuar?
–No. ¿Para qué? La última posibilidad se dio cuando hicimos, en 1973, Las brujas de Salem con (Alfredo) Alcón. Había un personaje muy importante y no conseguíamos el actor para hacerlo, entonces Alfredo me dijo: "¿Por qué no lo hacés vos?". Estaba muy tentado, pero finalmente no quise porque el espectáculo era muy grande, con muchos actores en escena, cuatro actos de mucho dramatismo. No quería perder de vista el todo.
–La brujas de Salem debe haber significado un quiebre en su trayectoria como director...
–Fue una experiencia increíble, con Alcón a la cabeza, Milagros de la Vega, el debut de Alicia Bruzzo, Leonor Manso, Alicia Zanca, Nelly Prono y un gran elenco de 24 estupendos actores... Duró tres años en cartel, en un teatro de mil y pico de localidades como era el Blanca Podestá. Fue un gran suceso. Me acuerdo que el día que la última fila del pullman quedó vacía, Alfredo me dijo: "Me parece que vamos a tener que bajar" (risas).
–¿Lo considera un punto alto en su carrera?
–No sé... Hubo otros, muchos. Lo que pasa es que como casi siempre he montado obras que he querido hacer, elegir una sería un poco injusto. Me viene a la mente Master Class, con Norma Aleandro, que fue otra gran experiencia y que repusimos el año pasado, Ricardo III con Alfredo... Y ahora Los justos, que es una pieza que he deseado mucho.
–En una entrevista decía que recordaba su tiempo de actor como si hubiera sido otra persona... ¿Cuántas vidas cree haber vivido?
–Muchas, no las puedo contar. Creo que cada persona vive muchas vidas a lo largo de su existencia por las tareas que ha hecho, por los círculos que ha frecuentado. La infancia es un mundo, pero después se transforma en otro a medida que uno crece, se va poblando de otras personas…
–¿Le gusta el cine?
–Me gusta con locura, desde chico.
–¿Nunca quiso en dirigir una película?
–Hubo una oportunidad que finalmente no cuajó. Pero no lo siento como algo pendiente porque soy un hombre de teatro. El escenario tiene algo muy especial: siempre tiene la razón. Uno puede tener muchas ideas sobre lo que va a hacer, pero cuando las pone en práctica a veces se da cuenta de que eran simplemente eso, buenas ideas.
–¿Y la televisión?
–Me ha encantado hacer televisión. Recuerdo unos especiales que hice en el 11 y en ATC apenas retornó la democracia… Se ensayaba 15 días, los actores se sabían la letra perfectamente, y había margen para trabajar. Con los tiempos que maneja la televisión hoy, jamás se podría volver a hacer algo así.
–¿Mira algo de tele?
–No, sólo prendo la televisión para mirar películas. Sé que hay algunos programas muy interesantes, pero he perdido la costumbre.
–¿Qué cosas disfruta hacer en su tiempo libre?
–Me gusta leer, nadar, cenar con amigos y trabajar, por sobre todas las cosas. También me gusta mucho hacer nada, el ocio. Nunca es improductivo el ocio.
–¿Usted cree que cualquier persona puede aspirar a ser actor?
–Es una pregunta difícil. Creo que todas las personas, desde chicos, tenemos infinitas cualidades; algunas se desarrollan y otras no tanto, y la educación que recibimos generalmente coarta muchas de nuestras potencialidades. Hay gente que evidentemente tiene un talento especial, que se acerca a estudiar teatro sin saber muy bien por qué lo hace y tiene que vencer timideces, prejuicios, inhibiciones… Cuando las vence, de pronto aparece el oro puro. En ese sentido, creo en el trabajo, aunque claramente hay gente más dotada que otra.
–¿El talento facilita la tarea del docente o del director?
–Hay actores que a veces se topan con personajes que son más difíciles, que hay que trabajar más. Para mí, esa es mi tarea. Cuando con un actor nos encontramos con una escena a resolver que es complicada, me atrae mucho más la experiencia. A veces no duermo pensando en eso, en cómo sacar una escena adelante. Es un desafío. Las cosas que no son desafíos son pavadas. Las grandes cosas siempre nos generan algún tipo de miedo, y eso es siempre bueno.
–¿Su método de enseñanza ha cambiado mucho a lo largo de los años?
–No. Básicamente, un actor debe primero conocerse a sí mismo y después conocer otros aspectos de nuestra tarea que son la base del trabajo. Esas cosas se mantienen durante años. No creo mucho en maneras estáticas de enseñanza; uno, como docente o como director, debe descubrir lo que necesita la persona que uno tiene enfrente y darle las herramientas, facilitarle el camino. Si utilizo moldes, no alcanza.
–¿Qué siente cuando lo llaman "maestro"?
–No me siento un maestro, me siento una persona que acompaña procesos. La palabra maestro se la dejo a los grandes: a Hedy Crilla, a Lee Strasberg, a Konstantín Stanislavski, a Peter Brook...
–Si hoy se encontrara con ese muchacho que estudiaba Derecho a regañadientes, por expreso pedido de su madre, ¿qué le diría?
–"Hacé lo que tengas ganas". Eso, en definitiva, es lo que finalmente hice. «

En la rusia zarista
"Poner en escena Los justos es un proyecto que postergué a través de los años porque no lograba hallar al conjunto de actores para interpretarla", explica su director. Finalmente, Alezzo halló en Nicolás Dominici, Antonela Scattolini, Julián Caisson, Emiliano Delucchi, Gastón Ares, Sebastián Baracco, Martín López Pozzo, Marcelo Zitelli y Nora Kaleka, el equilibrio necesario para dar vida a este texto, que se centra en un grupo de jóvenes anarquistas decididos a acabar con el régimen zarista en la Rusia de comienzos del siglo XX.
Tras una temporada en el teatro-escuela El duende, esta pieza de Albert Camus, reestrena mañana en el Auditorio Losada (Av. Corrientes 1551, Ciudad de Buenos Aires). La puesta cuenta con diseño de luces a cargo de Félix Monti, música de Mirko Mescia y escenografía y vestuario de Marta Albertinazzi, y tendrá funciones los sábados a las 21 y los domingos a las 20.

Vida sobre las tablas
Nacido en 1935, Agustín Alezzo se inició como actor a los 20 años al integrar el Nuevo Teatro, junto a Pedro Asquini y Alejandra Boero. Fue discípulo de Hedy Crilla, quien lo adentró en el camino de la docencia a mediados de la década del sesenta.
Como director, su debut se produjo en 1968 con la puesta La mentira, de Natalia Serraute. A lo largo de estos años de carrera, Alezzo montó cerca de 85 espectáculos, entre los que se destacan Romance de lobos (1970), Las brujas de Salem (1972/1974), La rosa tatuada (1985), Master Class (1996/1997), Ricardo III (1997) y Yo soy mi propia mujer (2007/2008). Por su trabajo, ha sido ganador de los premios Trinidad Guevara, ACE y María Guerrero en diversas oportunidades.
Como docente, se desempeñó como rector de la Escuela Nacional de Arte Dramático y es fundador del teatro-escuela El Duende. El actor Julio Chávez se ha reconocido como uno de sus discípulos.

"Con norma aleandro se trata de sentarse y admirarla un rato"
Además de reponer Los justos y, próximamente, estrenar la segunda temporada de Jettatore…! en el Cervantes, Agustín Alezzo sigue adelante con Master Class, la puesta protagonizada por Norma Aleandro que actualmente se encuentra en gira nacional.
"Con Norma somos amigos. Ella es una actriz con una técnica notable, incomparable. En un placer trabajar con ella; se trata apenas de sentarse y admirarla un rato", explica el director.
Master Class, de Terrence McNally, fue estrenada originalmente en 1996 y se mantuvo en cartel durante dos temporadas. El año pasado, Aleandro y el productor Lino Patalano estuvieron de acuerdo en reponer este recorrido ficcional por la vida de María Callas, y volvieron a convocar a Alezzo para que se uniera al proyecto. Él no pudo decir que no.
Durante todo enero, la puesta se presentará en teatros de la ciudad de San Luis y la costa bonaerense, para luego seguir por distintas provincias argentinas y trasladarse, a comienzos de octubre, a España.

Fuente: Tiempo Argentino

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