martes, 6 de noviembre de 2012

Jey Mammon


Jey Mammon: "Para mis viejos, yo era un bicho raro, pero me aceptaron"

El cómico habló con LA NACION sobre cómo vive su flamante fama, cómo surgió Estelita, las drogas y la forma que le contó a su familia que era gay
Se llama Juan Martín Rago, nació el 6 de diciembre de 1976, pero desde hace un año y medio todos lo conocen como Jey Mammon. ¿Quién es? Básicamente, un músico. Pero también alguien fuera de lo común: un humorista que dice lo que piensa, que saltea bordes y estructuras. Y, sobre todo, un ser humano muy querible.

Desde que Nazarena Vélez lo convocó para su comedia Despedida de soltero, él no paró de crecer. Después de la temporada en Carlos Paz, lo llamó Florencia de la V para participar de La pelu y, hace poco, tuvo que decidir entre varias buenísimas ofertas de trabajo, algo impensado hace tres años, cuando arengaba público por mail para que vaya a ver su show. En la decisión final primó el cariño: ya firmó para volver con Nazarena a Córdoba, con la obra Los Grimaldi.

-Sos el hombre del momento.

-No sabía.

-¿No te das cuenta?

-Más o menos. Porque para mí el gran logro no fue hacerme famoso, sino encontrarme conmigo, descubrir qué quería hacer, de qué manera hacer humor... Yo la remé un montón, pero conmigo. Hasta que un día descubrí que lo que me gustaba era tocar con mi banda, hacer monologuitos con los personajes. Y ahí comenzó mi disfrute, independientemente de estos cambios grandes que vos decís.

-¿No les prestás atención?

-Sí, pero priorizo esta cosa de estar feliz por hacer lo que me gusta.

-Hace unos años, además de hacer tu show, trabajabas en la tele.

-Hice un programa en cable con Santiago del Moro, Club Sónico, en el Canal de la Música. Venían unos freakies... Pero yo hacía personajes en off, me divertía un montón, y estaba bueno porque no me exponía tanto. Cuando terminó eso, Santi se fue a hacer Infama y yo estuve ahí tres semanas. Pero me fue mal.

-¿Qué pasó?

-Me dijeron: "Salí con una cámara a buscar famosos". Y me cagué todo.

-¿Con qué famoso te encontraste?

-Con Mónica y Cesar. No les pude preguntar nada. Estaba inseguro, todavía me faltaba comprarme a mí mismo. Pero después de eso empecé a experimentar, hice otro programa en el cable, empecé a llevar las pelucas, hacía los personajes... Sentía que estaba expuesto pero no demasiado y eso me sirvió mucho para confiar en mí.

-Y el clic hacia la popularidad te lo dio el año pasado Nazarena Vélez, ¿cómo la conociste?

-La vi en el programa de Viviana Canosa diciendo que iba a hacer radio con Nara Ferragut. Yo conocía a Nara porque era la productora del programa que yo había hecho con Del Moro. Entonces la llamé y le dije: "Quiero estar ahí". Y ahí empezó todo. Nazarena fue muy generosa. Me abrió todas las puertas. Y cuando arranqué con el unipersonal, ella fue la primera invitada con Estelita, fue divertido.

-Pero con la que llegaste a la tapa de un diario fue con Natacha Jaitt.

-Sí, ella fue la segunda. Y tiró una bomba. Ahí asumí que desde un espacio under muy chiquito, podés llegar a la tapa de un diario.

-¿Empezaste a buscar eso con el personaje de Estelita?

-No. Se fue dando naturalmente. La segunda con la que tuve repercusión fue Silvina Escudero, que contó que la foto esa que circuló, se la había sacado Tacho Riera. A partir de ahí, quisieron venir Paula y Peter. De golpe, la gente del medio venía a verme. Se relajaban y hablaban. Pocho la Pantera contó que había tenido una experiencia con un tipo, Sofía Zámolo admitió haber sido novia de Federico Hoppe, la China Suárez dijo que estaba enamorada de Nicolás Cabré. A veces me preguntaba: "¿Cómo llegamos a esto?"

-¿Cómo?

-Tiene que ver con el contexto. Es un show en joda al que se suma el personaje de Estelita que es buena preguntando, no le quiero sacar mérito.

-¿En quién se inspira Estelita?

-En todas las divas porque ella se cree Susana, Mirtha... por eso tiene la impunidad de preguntar cualquier cosa.

-Hablás de "ella" como si fuera otra persona.

-Sí, tengo problemitas. Todos los tenemos, pero yo los canalizo con esto. Yo no sé en dónde hubiese terminado si no hacía esto que hago. Pensá que yo vengo de dar catequesis, de tocar el órgano en la misa, podría haber terminado tirándome de un balcón.

-¿Porque no hacías lo que te gustaba?

-Exacto. Y por estar en un espacio que evidentemente no era el mío. Hay gente que está toda su vida ahí, anestesiada. Y gente que está ahí por convicción. Yo estaba anestesiado, un día se me fue la anestesia y bueno, salió esto.

-¿Fuiste a un colegio católico?

-Sí. Iba a dar clases a colegios católicos donde el nene era una cuota. Entonces, más allá de lo religioso, también había valores trastocados en todo sentido. Conocí a un nene al que los padres le pegaban. Venía con moretones del tamaño de una serpiente. Y ni las maestras ni la directora me dieron bola cuando se los conté. Durante un tiempo largo me fui dando la cabeza contra la pared con un montón de cosas... Pero tampoco voy a ser Robin Hood.

-¿Sentís que esas cosas te marcaron en algún sentido?

-En un buen sentido. Tuve sobredosis de hostias, me pude recuperar, y creo que el humor que tengo y las cosas que hago también tienen mucho que ver con las cosas que pasé, entonces quizás cuando lo narro parece algo traumático, y creo que en el fondo lo es.

-Vivías en un mundo de hipocresía.

-Pero conmigo mismo. No quiero cargar tintas sobre la institución Iglesia, por más que yo tenga una opinión formada en relación a los hombres que se embanderan en Dios. El problema era conmigo. Me echaban de los colegios y yo me enojaba. Pero un día dije: "Obvio, ¿cómo no me van a echar? Fumo porro, soy puto... No tengo nada que hacer acá adentro". Pero bueno, me costó años terminar de entender.

Salir del placard...

-Después de la secundaria, ¿qué hiciste?

-Empecé a estudiar en el Conservatorio Nacional. Todo era estructura en mi vida y yo lo que quería era todo lo contrario. Era una tensión interna terrible.

-¿Cómo era la situación en tu casa?

-Si bien mis viejos no son del Opus Dei, sí son muy practicantes de la religión católica. Al principio yo era como un bicho raro, pero terminaron aceptándome.

-¿Cómo les contaste que eras homosexual?

-Yo salí del placard cuando se lo conté a mis viejos. A mi mamá se lo dije de manera natural. Ella me dijo: "Mirá que linda chica". Y yo le vomité: "No me gustan las mujeres, má". En ese momento fue como si le hubiera matado la mascota, pero después pasó.

-¿Y tu papá?

-A mi papá se lo contó ella. En un punto me hizo un favor, me allanó el camino. Hoy lo cuento así, me cago de risa, pero en ese momento fue tremendo. Aunque a la distancia me doy cuenta que no tanto, por lo menos no me echaron de mi casa, no me odiaron de por vida. Les costó, pero me aceptaron.

-Y ahora el hecho de ser gay también es parte de tu show.

-Lo que pasa es que yo no entiendo, hablando en serio, cuándo se es más o menos gay. A veces me dicen "ay, estas muy gay". Y ¿por qué? "Porque hablás mucho". Pero los heterosexuales están todo el tiempo hablando de minas y nadie les dice nada.

-¿Alguna vez trataste de que un gay conocido saliera del placard con Estelita?

-No, porque te das cuenta de que no quiere. Y yo lo lamento por el otro, no hay nada más gratificante que contarlo. Pero ese es mi límite. Entiendo que hay cosas que merecen respeto.

-¿Y preguntarle a alguien si se droga? También es una pregunta íntima.

-No la hago yo, la hace Estelita. Yo no estoy ahí coloquialmente, a mí no me interesa saber si alguien se droga. En todo caso, si se droga, le pregunto si tiene.

-¿Tomás cocaína?

-No. Nunca la probé. Tengo mucho miedo de que me encante. Entonces estaría metido adentro de la bolsa todo el día y creo que no duraría mucho tiempo.

-¿Trabajaste de alguna otra cosa, alguna vez?

-Fui profesor de catequesis, profesor de música. Con la música hice uno que otro currito, pero nada más. Hubo momentos en que pasé hambre, pero me resistía a hacer papas fritas o a ser telemarketer. No tenía ganas de solventarme haciendo algo que me iba a generar más angustia. Un error, porque no vas a ser toda la vida un telemarketer, pero me parecía una inducción al suicidio tener que defender los intereses de una empresa a la que me daban ganas de vomitarle la cabeza.

-¿No te considerás más del under?

-Y, no. Hace un mes y medio que dejé de hacer el espectáculo a la gorra. Tuve miedo que la gente no venga, que no quiera pagar la entrada (los viernes a las 23, en el Chacarerean Theatre). Pero vino.

-¿Cómo te llevás con la hipocresía de la tele?

-Me di cuenta de que no son todos muy copados como uno piensa. Pero yo soy muy inocente, aunque no parezca, soy inocente. No tomo recaudos, le cuento todo a todo el mundo. Me entrego fácilmente. Pero si viene un pariente que hace quince años no me ve y me escribe ahora, "che te vi en tal lado, ¿cuándo vamos a comer?". Y bueno, nunca vamos a ir a comer. Si nunca fuimos a comer.

-¿También tenés más pretendientes?

-Yo no creo en el amor, eh. Digamos que ahora como menos y más rico..

El doble de Sabbatella. Hace tres años, en pleno auge de "Gran Cuñado" en ShowMatch, un político lo llamó para hacer un spot. Era Martín Sabbatella, que no había rankeado para estar en el programa de Marcelo Tinelli y quería hacer una parodia de sí mismo, pero en formato de spot publicitario. "Yo tenía vínculos con la gente de la revista Nah a la que de repente le salían laburos para publicidad y me llamaron para hacer de doble de Sabbatella. Me estuve por sacar los pelos, porque es medio pelado Sabbatella, y a último momento se arrepintió. Me dio una bronca. El quería a alguien que lo imitara como para estar cerca de la gente con el humor. Se ve que se quedó con las ganas de que lo imitaran en ShowMatch. Igual, creo que estuvo bien en no hacerlo. Le podía cagar la carrera ese spot."

Fuente: La Nación

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