viernes, 16 de noviembre de 2012

Fabian Gianola y Nicolás Scarpino: La dama de negro


Fabian Gianola & Nicolás Scarpino: El desafío de arrancar antes que nadie

Protagonizan “La dama de negro”, que abrirá la tenmporada marplatense el 23 de este mes. Los actores hablan de la obra, de sus carreras y de los personajes que han interpretado.

Cuando un actor habla de “bisagras en mi profesión” puede volcar en un pantano de profundidades insondables. Y si le tira flores a su actual director, que además lo mira mientras desparrama los claveles, no hay vuelta atrás. Fabián Gianola dice que Manuel Gonzalez Gil es “un director extraordinario, sabe lo que quiere, te transmite felicidad y además trae las galletitas para el mate”. Pero aplica el primero de varios volantazos. “Hay directores que esperan de vos lo que ellos no tienen claro. Me han tocado algunos que te sicopateaban mal. Se rayaban y te gritaban: ASI NO, ASI YO ME VOY y te dejaban plantado. Hablo de grandes maestros del teatro argentino.

Por suerte, tuve la escuela de mi papá (Beto Gianola), que me enseñó no comprarle a ninguno el traje de maestro y no dejarles que me rompan las pelotas. Mirá, yo trabajé con (Carlos) Carella, y él, como actor, ponía a un director que podía manejar. Dirigía desde adentro. A los 24 años veía eso y no lo podía creer. Cuando terminábamos el ensayo, mirábamos a la butaca y el director convocado estaba roncando. Entonces Carella me decía: P ibe vení, apioláte, vamos a tomar un café . El negro (Carella) era una bestia.” Gianola no tiene el decir eléctrico de Nicolás Scarpino, con quien comparte La dama de negro , que abrirá la temporada de verano en Mar del Plata. Acaban de terminar un ensayo técnico en un cuarto de la casa de Manuel González Gil y andan con vestuario de época, principios del siglo pasado. Compartieron el éxito de Los 39 escalones : “945 funciones, más de medio millón de espectadores en 3 años -calcula Gianola-. Después de eso te preguntás ¿qué hago? ¿Me agarro de una comedia más o menos y zafo? ¿O no hago más teatro y espero cinco años?”. Scarpino va por un camino más cordial: “Somos afortunados porque ahora, con La dama de negro , estamos en una obra que sorprende al espectador. Y la sorpresa es una clave para arrancar bien la temporada”. Se puede compartir que los dos son actores de una eficacia probaba en la convocatoria y en la taquilla. Y tienen recorridos disímiles. Veamos.

Scarpino: “Arranqué en Cantaniño a los 4 años. Y a los 7 fui solista. Fue algo que yo quise hacer, no lo hice por la presión de mis padres. De hecho, entiendo que mi continuidad de trabajo desde aquel momento tuvo que ver con un fuerte deseo propio. Muchos chicos fueron inducidos para entrar en el medio y, a la larga, terminan padeciéndolo. Hice varios infantiles, pero cuando me aceptaron en la audición de Perdidos en Yonkers , de Neil Simon (dirigido por China Zorrilla, con Lidia Lamayson, Soledad Silveyra ) me fui llorando desde el Metropolitan hasta Constitución para tomar el tren a Banfield. Fue tocar el cielo con las manos.” Lo de Gianola es distinto, pertenece a otra época: “A los 11 años hice el control de puertas de mi papá, en la temporada de verano, en Córdoba, porque él tenía la sensación de que lo estaban afanando. Entonces, me compró un cuenta ganado y me dijo: a cada uno que entra, vos hacés tic-tac y lo marcás . Después liquidaban y tenía que coincidir con el número que yo tenía en el cuenta ganado. Así aprendí a hacer un borderó a los 11 y, a los 15, fui acomodador en la temporada de Carlos Paz. Eso me sirvió porque en el primer Teatro Abierto hice control de puerta de El acompañamiento y de Gris de ausencia . Pero, lamentablemente, mi viejo nunca me vio laburar como actor profesional. Arranqué a trabajar porque él murió y yo tenía que mantener a mi mamá y a mi hermano que estaba en la escuela. Lo cierto es que amo esta profesión porque me crié en esto y no sabría hacer otra cosa. O sí: manejar un taxi, algo que ya hice.” ¿Por qué piensan que se estudia teatro para llegar a la televisión?

Gianola: La televisión te convoca, ningún actor le pone un revólver en la cabeza a un productor y le dice ¡contratame! El pibe que tiene una base de teatro llega con mejores posibilidades de pararse frente a una cámara. Pero es cierto que hay mucha gente que se saltea pasos. Pienso que el éxito es la consecuencia de un trabajo bien hecho, no creo que la fama sea un romance o una tapa en un diario. La gente te respeta por cómo sos como profesional.

Scarpino: Nos pasa muy seguido que las madres se acercan con los hijos para que les digamos cómo hacer para convertirlos en artistas. Les contesto que primero lo decida él, y luego que le pregunten para qué. En mi caso tuvo que ver con la necesidad de contar mi vida desde este lugar. Alguno dirá que lo hago para ganar plata, pero si mi meta es ser un gran artista, el dinero es una consecuencia de eso.

Los dos han tenido personajes gays emblemáticos. Y en la miniserie “La viuda de Rafael”, Gianola, volvés a estar rodeado...

Gianola: ( i nterrumpe) Sí, de travestis. Yo soy el cuñado de una pareja de transexuales, el único que se les acerca para darles una mano, y tiene una historia con uno de llos.

¿El gay sigue siendo un “sello Gianola”?

Gianola : La verdad que no. El personaje que hago ahora solo tiene una relación con un transexual.

Scarpino: Perdón, dejame un paréntesis: el que dice que se coje a un travesti y no es puto... ¡andá!

Gianola: Es verdad, mi personaje no es afeminado, pero sí un gran hipócrita. Lo que hice en Los Benvenutto, en cambio, fue una macchieta. La gente se daba cuenta de que con Guillermo (Francella) éramos dos atorrantes, nos tentábamos de nosotros mismos.

Pero ese personaje te marcó.

Gianola: Claro. Entré por cuatro capítulos y me quedé cinco años. Necesitaban a un mozo en el bar que sea hippie o trolo. Ensayé al hippie y me salió parecido a Paolo el Roquero. No daba. Entonces quedó el gay. Al principio no tenía texto y, como el programa iba en vivo, en una entrada de Guillermo le dije, muy mariposón: Qué lindos ojos . Y ahí quedó.

Scarpino: Me pasó lo mismo en Sin código . Terminé de hacer La revista nacional , con (Griselda) Siciliani. (Adrián) Suar nos sacó de ahí y nos pidió hacer los mismos personajes. A mí me propuso hacer a Ernesto, el gay. Estaban por armar una pareja con Mike Amigorena, que sería el gay “serio”, pero no entró. Quisieron que haga al mariquita, personaje bisagra en mi vida, al que le estoy agradecido.

Fuente: Clarín

Quien pega primero, pega dos veces

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