martes, 16 de octubre de 2012

Tabataba

Teatro

La sabia concentración de Koltès

Escrito en 1986 por encargo del Théâtre Ouvert para presentarlo en el Festival de Avignon y luego difundido por France Culture, Tabataba es un texto de pocas páginas de Bernard-Marie Koltès (en su edición en libro no alcanza a cinco), publicado después de su muerte por su hermano y albacea Francois Koltès. Tiene dos únicos personajes: Maïmouna (una mujer de unos cuarenta años) y su hermano, el pequeño Abou, que es un joven próximo a los 20 años. Entre ellos dos, Koltès ubica un tercer personaje, una moto Harley Davidson, que ocupa durante horas y horas la atención del muchacho.

Es el relato de un conflicto entre esos dos personajes que transcurre, según lo ha dicho el director Rafael Garzaniti, en un barrio de las afueras de París. En el libro se indica que el diálogo sucede en África. En todo caso, se trata de un lugar en las márgenes de una ciudad, donde dos criaturas discuten sobre lo que es correcto o no correcto hacer. La hermana le reprocha al joven dedicarle mucho tiempo a su moto y no salir a la calle a conquistar chicas. Y le agrega que eso es mirado con malos ojos por sus vecinos, que no entienden por qué está todo el día encerrado en un patio lleno de gallinas y viejas, entregado a engrasar su máquina. Y él le contesta que no le importa lo que digan, que lo que ella debería hacer es buscarse un marido y no ocuparse de él.

A través de ese contrapunto, Koltés va perfilando una vieja y conocida tensión entre el llamado de lo atávico y el deber ser que impone la sociabilidad. Sin decirlo en forma directa, el autor da a entender que entre ambos hermanos hay una relación incestuosa. Ella le ha enseñado desde niño a conocer cómo son las mujeres y qué hay que hacer para hacerlas felices. Pero ahora la persistencia de ese vínculo en la adultez constituye a la vista de los demás una vergüenza, que sólo se puede remediar en el afuera, haciendo otras relaciones. Él, por su parte, prefiere quedarse allí con su moto, que es el símbolo de lo que le permite volar, despegarse de aquello que lo agobia.

En rigor, ambos están entrampados en ese lazo endogámico, porque la interpelación de ella cesa no bien Abou no la acepta. Como señala Anne Ubersfeld, en Koltès el lazo más fuerte es el que se tiene con un hermano, ésa es la relación fundamental. Cada vez que empieza a aparecer algo parecido a un sentimiento de amor es entre hermanos o hermanas y hermanos, como sucede en Muelle Oeste , en Roberto Zucco y esta propia obra. Koltès decía escribir para sus hermanos. Esa noción de fraternidad incluye un círculo donde se da tanto el vínculo sanguíneo como el que no lo es.

Tabataba no es un texto que exprese lo mejor del espesor poético de Koltès, pero tiene en su sabia concentración la suficiente fuerza como para revelar la rebelión del deseo frente a la asfixia que imponen ciertas reglas. En esa tensión entre lo que se desea y se debe, el ser humano recorre caminos para encontrar su identidad que con frecuencia están a contrapelo de las normas, los tabúes o las limitaciones que ordenan los mandatos sociales. En esta puesta, concebida con imágenes que por momentos remiten a lo religioso, a la evocación de la piedad originaria sobre la que se asienta todo amor, el trabajo de los dos únicos actores tiene la compenetración necesaria para transmitir el clima del conflicto. Sólo habría que señalar como contraproducente cierta tendencia -que el director permite a subrayar situaciones que ya son claras, como la de ella apantallándose una y otra vez para aludir al calor o el chico en actitudes eróticas con la moto para demostrar cuánto la ama.

Fuente: La Nación

Sala: El Espión

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