viernes, 26 de octubre de 2012

Sobre la cuerda floja


Delicado trabajo sobre la muerte

La niña llega como todos los años a pasar una semana de vacaciones con sus abuelos. Pero esta vez algo cambió. La abuela no está. El abuelo elude la respuesta a las preguntas de la niña y trata de hilvanar la rutina de todas las temporadas. Recorridos a la orilla del mar, historias a la hora de dormir... Finalmente encuentra una explicación elíptica a la ausencia irremediable: la abuela se fue al circo, a trabajar de equilibrista en la cuerda floja.

La delicada puesta en escena con títeres de varilla de la compañía chilena Milagros, de corto paso por Buenos Aires en el ciclo organizado por el Teatro San Martín, transita por varias líneas de equilibrio. Aborda el tema de la muerte y lo hace con una técnica compleja, de manipulación al descubierto con un preciso manejo de luces al estilo del teatro negro, combinada con la proyección de imágenes filmadas de animación de los mismos muñecos. Con logradas transiciones y una manipulación sumamente detallista en la recreación de la gestualidad corporal se arriba a un realismo sorprendente para una representación con títeres de rasgos faciales rígidos. El buen trabajo con las voces grabadas contribuye a lograr este resultado. A la vez se sostiene sin embargo la condición de dobles de la vida real que caracteriza a los muñecos, con la que se hace más viable el tratamiento de cuestiones fuertes como la muerte ante un público infantil.

Aline Kuppenheim y Paola Giannini transitan así con la obra del inglés Mike Kenny por el fino equilibrio entre la sensibilidad expresiva y la destreza técnica. Una mayor dosis de humor, como la que destila la antológica escena del abuelo bailando twist con su nieta, podría sumar un equilibrio emotivo que compense en mayor medida la melancolía del abuelo viudo con la vitalidad de la niña. Es ese el recorrido al que apunta la obra, que parte de la dificultad del abuelo por transmitir la nueva situación a su nieta, y termina con los días compartidos con viejas y nuevas experiencias, asumiendo lo que sólo la niña se anima a pronunciar: "La abuela murió, ¿verdad abuelo?"


Fuente: La Nación

Sala: Teatro Sarmiento.

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