miércoles, 24 de octubre de 2012

El hijo del fin del mundo

Cuando el amor amanece en el caos

En este nuevo trabajo, Lautaro Metral articula la intersección de su deseo de escribir un nuevo musical y la invitación del Proyecto. Música. Teatro, que se origina en el Centro Cultural Rojas.

Es difícil pensar El hijo del fin del mundo sin ponerlo en relación con Cuando callan los patos, no sólo porque muchos integrantes del equipo creativo coinciden sino también porque algo de la estética convocada allí, ahora, suavemente, se reitera. Algo del orden de la materialidad que puebla el escenario, tanto en relación con el espacio, como con los cuerpos. Y como en esa ocasión, hay músicos en escena. Aquí, sin embargo, los textos que acompañan la puesta prometen una porción de relato y hasta se ponen en juego nombres propios. Sin embargo, la promesa está acompañada por otro texto que califica la obra como "absurda fábula musical".

El espacio construido es móvil, oxidado, provisional, ¿de dónde vienen? ¿Hacia dónde van? Los fragmentos del relato proponen explicaciones rotas, incompletas. Es evidente que el eje no está en ese lugar.

El hueco- trampa en el escenario permite que los personajes entren, salgan, se transformen en otros. Los que permanecen son los músicos, tal vez pueda leerse simbólicamente: mientras todo cae y se desplaza, la música y los músicos persisten.

En ese mundo entre desordenado y apocalíptico, sostenido por los gestos y las actitudes corporales, en donde, además, no todos los personajes son personas, aparece alguien que asume un rol particular: un actor que ha huido de una obra de teatro y, en ese marco, las reflexiones autorreferenciales se hacen transparentes en un universo oscuro. Y como corresponde al caso, el mensaje es musical.

¿Qué es lo que comienza cuando algo comienza? ¿Qué es lo que termina cuando algo termina? ¿Cómo se leen los relatos cuando se rompen las secuencias y cuando los personajes se quiebran con el correr del tiempo? Cuando la identidad se desdibuja, parcialmente, con las escenas.

Sin embargo, a pesar del dibujo caótico de la propuesta, se vislumbra una mirada positiva, una salida luminosa que se sostiene, fundamentalmente, en dos tipos de elementos: los signos que inscriben un amor que amanece y las canciones que, a pura belleza, invitan a seguir cantando en cualquier contexto y circunstancia.

Fuente: La Nación

Sala: C. C. Rojas / Funciones: viernes, a las 21

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