viernes, 19 de octubre de 2012

Alicia en Frikiland, Locos ReCuerdos, La Farolera y Apalalá

Se amplía el juego en el teatro para chicos

La lluvia de galardones recibida por Alicia en Frikiland en la última edición de los Premios Hugo, hasta ahora inédita para un espectáculo dirigido a público infantil y juvenil, puede ser señal de un recambio generacional y estético que se estaba demorando. Acaso puede tomarse como un hecho simbólico que la otra gran nominada para las distinciones al teatro musical en los rubros destinados a los espectáculos para chicos fuera la nueva puesta de Locos ReCuerdos, de Hugo Midón, justamente el creador que diera su nombre a estos premios.

Es posible que a Alicia en Frikiland le hayan faltado algunos ajustes y con todo su desparpajo no haya escapado de algunos clichés en el libro y la música. Fue justamente en estas dos categorías en que se impuso la solidez conceptual de la obra de Midón y Carlos Gianni. Pero arrasó en otras ocho categorías, incluidas cuatro que no eran específicas del teatro infantil. Y la restante fue a manos de Facundo Rubiño, uno de los integrantes del grupo creativo Random, responsable de la obra, por su actuación en otro clásico de las generaciones anteriores, La Farolera, de María Elena Walsh, con dirección de Virginia Lago, a la que aportó el joven actor justamente la frescura que caracteriza la particular versión del cuento de Lewis Carroll.

Entusiasmo

Es posible también que la irrupción de esta puesta haya arrastrado adhesiones por su fuerte impronta de entusiasmo juvenil. La obra dirigida por Diego Corán Oria registró una ocupación de sala de más del 80 por ciento durante sus cuatro meses de temporada en el Teatro 25 de Mayo. Pero marcó sin duda también una ruptura en cuanto logró integrar público desde los 8 hasta los 16 años, que no suele ser el más frecuentador de las salas teatrales. Una vez más, el imaginario de Alicia atravesó edades y épocas, como ya lo había hecho Tim Burton en el cine.

En otro vértice del universo de la platea infantil, se produjo esta temporada una ruptura análoga: una obra destinada a los más chicos atrajo a público de todas las edades por su riqueza de recursos, alejada de la oleada de sencillez depurada que se presenta desde hace unos años como la vía regia para la primera aproximación al teatro de los chicos. Apalalá, la puesta coreográfico-circense de Teresa Duggan, que de ella se trata, apeló a una gama amplísima de recursos, aun cuando no incluyera prácticamente texto, en un sinfín de variaciones lúdicas. Cual caja de sorpresas desplegada sobre el escenario se sucedían en la carpa del Polo Circo escenas conceptualmente sofisticadas, sin por ello ser herméticas para ninguna edad. Simplemente lograba de este modo un discurrir del juego escénico sorprendente, que permitía a cada espectador recorrer un camino propio en su visión del espectáculo.

Apalalá pasará en el verano a cumplir una temporada en el Teatro 25 de Mayo y el grupo Random Creativos planea una nueva producción musical en el marco de la gestión de Gabriela Ricardes al frente del Centro Cultural San Martín y las salas conectadas a éste. Otros nombres podrían agregarse para ampliar una programación que refuerce la tónica innovadora. Hugo Midón y María Elena Walsh, cuyas obras como buenos clásicos nunca perderán vigencia, se alegrarían sin duda de que se abriera el juego.

Fuente: La Nación

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