sábado, 22 de septiembre de 2012

Martín Flores Cárdenas: Mujer armada, hombre dormido


Los residuos de un mundo patriarcal

En su nueva puesta, el teatrista propone situaciones organizadas alrededor del tema de la violencia, que aparece “naturalmente, como algo inherente a los vínculos cotidianos”.

Escrita por Martín Flores Cárdenas, responsable también del montaje, Mujer armada, hombre dormido ofrece un conjunto de situaciones que tienen la extraña característica de ser a un tiempo insólitas y reconocibles, esto último, en virtud de estar organizadas alrededor del tema de la violencia. Y si bien es cierto que algunas de ellas rozan el horror, la comicidad las vuelve no sólo tolerables: crea también en el espectador la necesidad de comprender las conexiones entre una historia y otra. Obra que representó a la ciudad en la última Fiesta Nacional del Teatro, en La Rioja, Mujer armada... comienza con una ama de casa planeando un homicidio perfecto para luego dar lugar a otros diez personajes que protagonizan situaciones de muerte o abandono, a cargo de sólo cuatro actores: Ximena Banús, Laura López Moyano, Javier Pedersoli y Germán Rodríguez. Personajes que, según el autor y director, son “residuo de un mismo mundo patriarcal, que atraviesan situaciones que son síntoma de una cultura afectiva donde nadie parece sentir apego por nada y que sin embargo, no todo les da lo mismo”, según

define en una entrevista con Página/12. En dos oportunidades, Flores Cárdenas realizó adaptaciones de textos de Raymond Carver –Catedral y Quienquiera que hubiera dormido en esta cama–. Las historias que desarrolla Mujer armada... tienen un aire de familia con el autor de De qué hablamos cuando hablamos de amor, amén de una imagen afín a los climas que pintó Edward Hopper y repite cierto cine norteamericano.

–¿De dónde surgieron las situaciones de su obra?

–Del lugar que tiene la violencia hoy, en nuestra vida cotidiana, en todas partes. Hoy y siempre: violencia para sobrevivir, violencia para controlar el poder, violencia para sublevarse contra la dominación, violencia física y psíquica. En la obra, creo, la violencia aparece así, naturalmente, como algo inherente a los vínculos de los personajes. Y a veces al público le causa gracia reconocer esto.

–Mujer armada... pone en primer plano al instinto de supervivencia...

–Para los personajes de la obra el instinto agresivo es natural porque tiene ese carácter de supervivencia. La agresión presente no es algo negativo para los protagonistas, sino un instinto necesario para su existencia.

–¿Por qué hay un acento puesto en la mujer?

–Los personajes femeninos son los que peor la pasan, pero no necesariamente porque sean físicamente más débiles, sino porque son quienes, a pesar de todo, siguen y van a seguir en contacto con la creación en un mundo que destruye y desprecia la vida.

–¿Qué sociedad retrata esta obra?

–Podría decir que éstos son personajes residuo de un mundo machista, muy parecido a este donde crecimos y todavía hoy vivimos, pero situados en algún lugar lejano y probablemente corrido en el tiempo.

–¿Por qué plantea espacios que enseguida hacen pensar en la literatura o el cine norteamericano?

–Que la obra tenga humor y que sus personajes parezcan salidos de un cuento o una película yanqui, le imprime un extrañamiento atractivo. Corre a esas situaciones de nuestro cotidiano. Y, por qué no, las embellece. El humor y ese uso del lenguaje son características que, me parece, acentúan la relación dialéctica que tiene la obra con la realidad. Situaciones que el público identifica y reconoce, a pesar de esa supuesta distancia que podría imprimirle “lo norteamericano”.

–También es muy particular el humor de esta obra...

–La “belleza” o el humor en términos teatrales y estéticos, no necesariamente es lo que tradicionalmente consideramos como “bello” o gracioso. En teatro o en el arte en general, puede haber belleza o humor incluso en acciones que en otro contexto podrían ser consideradas ordinarias, incomprensibles o repugnantes. Y esta tensión siempre me resulta muy atractiva de ver y trabajar en teatro. Siento que lo que generalmente remite a ideas de dolor o peligro o lo que de algún modo es terrible, puede transformarse en otra cosa en el escenario y terminar seduciendo y conmoviendo al espectador.

–¿Qué espera como espectador cuando va al teatro?

–Cuando eso aparece en el teatro a mí me provoca como espectador una sensación de satisfacción y de bienestar. Generalmente me pasa que una escena que con belleza o humor me acerca al dolor se me hace mucho más interesante y placentera de ver que aquellas que me remiten sólo al placer. Y uno trata de hacer el teatro que le gusta ver.

* Mujer armada, hombre dormido, Espacio Callejón (Humahuaca 3759), sábados a las 19.30.

Fuente: Página/12

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