miércoles, 19 de septiembre de 2012

Javier Daulte: Macbeth



“Me dejé llevar por Shakespeare”

El director propone una mirada diferente de la convencional a la hora de abordar al personaje central de esta tragedia: “Si uno deja de prestar atención a lo que hace y cómo lo hace, llega a entender a Macbeth, y hasta no se puede dejar de quererlo”.

“La vida no es más que una sombra que pasa”, considera Macbeth, personaje central de la tragedia del mismo nombre, tras lo cual arriesga otras comparaciones sobre el vivir: “un mal actor que se pavonea, un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, y que no significa nada”. A punto de saber que su esposa acaba de morir y ya al tanto de que todos sus planes se han venido abajo, Macbeth evalúa su mala fortuna y considera que le espera lo peor. Escrita por Shakespeare hacia 1606, la tragedia que hace foco en temas tales como la tentación, el deseo del poder, la lealtad y la traición, vuelve a estrenarse luego de casi 40 años de ausencia, al menos en los grandes escenarios porteños. Así, Javier Daulte (recientemente galardonado con el ACE de oro, además del correspondiente a Mejor dirección en comedia y drama por Filosofía de vida y por Lluvia constante) dirige por primera vez en el teatro San Martín, en la sala Martín Coronado (la obra irá de miércoles a domingos a las 20.30): “Nos empezamos a acostumbrar al monstruo desde el primer día –admite el director en la entrevista con Página/12–. Es la catedral del teatro de Buenos Aires y tiene mucho significado para mi generación: vimos muchas obras muy importantes aquí, especialmente en las temporadas internacionales”, recuerda.

Las múltiples versiones cinematográficas de Macbeth (Orson Welles, Kurosawa y Polanski son algunos de los directores que la llevaron al cine) y también los análisis que suelen llevarse a cabo en talleres de actuación coinciden en que la tragedia de Macbeth propone una parábola que alecciona acerca de los peligros del poder en virtud de la transformación que se opera en el protagonista: fiel a su rey, el general se convierte en un tirano despiadado que no encuentra paz luego de concretar unos crímenes que luego se vuelven en su contra, traicionado por sus subordinados. Con este tratamiento, el personaje no despierta simpatía en la platea. Sin embargo, Daulte tiene otra mirada: “Si uno deja de prestar atención a lo que hace y cómo lo hace, uno llega a entender a Macbeth, y hasta no se puede dejar de quererlo”, sostiene.

“No hago análisis del texto con los actores sino que me pongo a montar la obra desde el primer día, escena por escena”, explica Daulte y afirma: “No encuentro otra manera, porque la obra tiene un sentido musical tal, que en ese ordenamiento encuentro la clave misma del montaje”. Aclara además que no realizó cambios en el texto, apenas algunos cortes. Lo personal de su versión podrá apreciarse, según adelanta, en el tratamiento de los personajes y en los aspectos visuales y auditivos de la puesta: la coreografía es de Carlos Casella, la música de Diego Vainer, la iluminación de Gonzalo Córdova y el vestuario de Mariana Polski. El elenco está integrado por Alberto Ajaka, Mónica Antonópulos, Luciano Cáceres, Agustín Rittano, Julieta Vallina, Alberto Suárez, Leonardo Saggese, Fabio Aste, Leticia Mazur, Débora Zanolli, William Prociuk, Joaquín Berthold, Emiliano Dionisi, Margarita Molfino, Ezequiel Rodríguez, Francisco Pesqueira, Julián Calviño, Martín Pugliese, Javier Niklison, Federico Buso, Marcelo Pozzi y Valentino Alonso.

En su camino de regreso del frente de batalla, Macbeth y Banquo son saludados por tres brujas. Al primero lo llaman por un título nobiliario que no tiene, además de adelantarle que será nombrado rey. A Banquo, por su parte, le aseguran que será padre de reyes aun cuando él mismo nunca lo sea. “Lo peor que le pudo pasar es conocer su destino, saber a lo que él puede llegar –analiza Daulte–, después de saberlo, ¿quién puede renunciar a eso?”, se pregunta. Porque cuando a Macbeth le otorgan el título que las brujas le habían anticipado que le concederían no puede esperar a que el destino obre por su cuenta y no para de cometer asesinatos hasta conseguir la corona. Para dar el gran paso y asesinar al rey Malcolm, Macbeth acepta la complicidad de su esposa. En este punto, lo habitual es que se considere la figura de esta mujer como la verdadera responsable del crimen. Pero Daulte tampoco es fiel a esta tradición: para el director, Lady Macbeth es una mujer que, sencillamente, le recrimina a su marido no tener la suficiente entereza como para defender sus sueños. Los crímenes deben continuar porque la profecía manda liquidar a la estirpe de Banquo. Mientras tanto, las visiones –de fantasmas, de indelebles manchas de sangre– no dejan de atormentarlo tanto a él como a su esposa.

–Cuando fue convocado pudo proponer a cualquier autor. ¿Por qué eligió hacer Shakespeare?

–Shakespeare tiene mucha historia en mi vida, lo leí y releí muchísmo. Una de las formas que tuve de ganarme la vida fue dirigiendo grupos de lectura de obras de Shakespeare. Siempre fue un referente dramatúrgico para mí, porque en sus obras todo funciona. Es cierto que alguna vez dije que nunca haría un clásico. Pero ya se ve: a la vejez, viruela. Ahora me parece un placer descomunal: veintidós actores y la posibilidad de “descansar” en ese texto que, como el color negro, va bien con todo.

–¿Con todo?

–Sí y eso es parte del problema... De todos modos yo no recurro a artificios ni a trucos, sino a la pura actuación: yo quiero que la gente se “lleve” a Shakespeare después de ver este Macbeth. Hice recortes, pero me dejé llevar por el propio autor, por su sentido de la teatralidad, del espectáculo: sabía cómo combinar a los personajes, a quiénes dejar afuera de una escena, cómo sumar elementos contrastantes. Además de saber acerca del alma humana, de lo que más sabía Shakespeare era de teatro.

–Casi no introdujo modificaciones en el texto, con la salvedad del personaje del portero...

–Sí, el portero hace, en el original, una especie de stand up con chistes de la época. Así que yo seguí con esa idea y convoqué a Martín Pugliese, para que él haga lo mismo con el leit motiv de “el personaje menor”. Es pertinente porque ésta es una obra con muchos personajes menores, de esos que aparecen en una sola escena, pero que tienen que ser muy buenos actores dada su importancia en la obra.

–¿En qué se basa esta versión?

–La versión va en contra de la solemnidad. Y hay un tratamiento visual contemporáneo: hay música electrónica, no hay ropa de época, y cuando se habla de espadas se ven pistolas. Además, la escena del banquete es una vernissage en la cual los personajes están en continuo movimiento.

–¿Cómo son las brujas que conocen el futuro de los personajes de mayor peso de la historia?

–Las brujas son tremendamente atractivas, van de negro, con tachas. En la obra se habla veladamente de un alucinógeno y eso se entiende porque cuando Macbeth ve a las brujas por segunda vez se habla de verdaderas visiones. Hoy podríamos pensar que se tomó un ácido.

–¿Y cómo concibió al matrimonio Macbeth?

–Esta es una tragedia de juventud. Macbeth y Lady Macbeth están en los treinta y pico, son una pareja sin fisuras que está armando un proyecto de vida. Lo que les pasa es por su juventud, por no conocer las consecuencias de sus actos. Si pensáramos en que tienen más edad sería maquiavélico. En cambio, uno los puede entender mejor porque se hacen cargo de sus actos: Macbeth dice que va a morir con la armadura puesta.

–En las versiones cinematográficas suele estar acentuada la incidencia que la mujer tiene sobre el marido, una influencia maléfica...

–Ella le dice que él tiene que estar a la altura de sus ambiciones, que no puede renunciar a sus sueños ni ignorar su destino de grandeza. Ella lo estimula y lo incita. Si uno deja de prestar atención a lo que hace y cómo lo hace, llega a entender a Macbeth, y hasta no se puede dejar de quererlo.

–¿A pesar de convertirse en un tirano?

–El horror se recicla. Aun cuando se termina con la dictadura de Macbeth las consecuencias son terribles en todo orden. Shakespeare tenía con su época la obligación de expresar la legitimidad del poder. Es por eso que sus obras siempre terminan con la coronación del rey que sigue. Pero festejar sobre montones de cadáveres es muy violento...

–¿Qué aspectos de esta versión hablan al espectador del momento actual?

–Nunca hice una obra pensando en lo que puede llegar a representar para el espectador de hoy. Yo elijo las obras pensando en la teatralidad que tienen, así que apenas me ofrecieron estrenar en el San Martín pensé en esta obra. Me siento como una antena. Las razones por las que elegí Macbeth las encontraré tiempo después. O alguien se encargará de decírmelo.

Fuente: Página/12

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