sábado, 29 de septiembre de 2012

Celina Font: A dónde van los corazones rotos



Libertad y aprendizaje

La actriz destaca las ventajas de trabajar en teatro cuando se sigue el deseo y la búsqueda estética y artística. Terminó de filmar una película e integra el elenco de la obra A dónde van los corazones rotos.

Acaba de terminar el rodaje de Los rulos de Lulú, película dirigida por José Santiso y donde actuó junto a Carlos Portaluppi, Noraly Gago y Luis Longhi. Se estrenará más adelante –nunca se sabe bien–, pero el rodaje, intenso, condensado en dos meses, terminó. Celina Font describe a la cinta como una farsa, una sátira de costumbres o más bien una parodia bufa, si resulta adecuada esta descripción para una película que deja –dejará– entrever en ella una metáfora de la vida. De esta manera, la esperada diversión, se matiza con la emotividad, generando una historia donde lo cotidiano convive con lo misterioso, lo irrisorio con lo sublime y lo bello con lo siniestro. Habitada por criaturas con certidumbres tales como "Dios los cría y ellos se juntan", "nadie es perfecto" o "todo ojo que mira puede ser mirado", la fábula se bifurca en dos tramas, entre el tango y los enredos propios del vodevil. Celina Font está entusiasmada con su proxima película. La anterior, Industria Argentina, contaba a historia de una fábrica recuperada. Al ver y relacionarse con la gente que luchó por su trabajo y defendió con tenacidad lo que lo dignifica, Celina, que hace años tiene esa intensión, se volcó a lo que más le gusta: el teatro independiente.
En TV hizo de todo: Campeones de la vida, Mujeres Asesinas, Montecristo (donde recibió la Nominación premios Martín Fierro como actriz de reparto en drama), Cuentos de Fontanarrosa, Amas de casa desesperadas, Casi Ángeles y El Paraíso. Ahora acaba de estrenar la obra A dónde van los corazones rotos. El teatro es vocacional.

–¿Qué es lo que te da el teatro que otros géneros más redituables no te dan?
–Uno elije hacer teatro por un deseo muy fuerte. Quizás el teatro independiente no es algo de lo que se pueda vivir, entonces hay caminos paralelos, como la TV o el cine. Pero hay una necesidad estética o artística. Para tener más libertad o para explorar otros lenguajes; es así. Hay un ejército de grandes actores, que quizás tienen que hacer muchas obras en paralelo o ponen plata de su bolsillo. Hay muchísima garra para defender este trabajo. Es un lindo equilibro cuando podés hacer teatro: ganas libertad y un espacio de exploración y aprendizaje.
–¿Siempre en tu trabajo hay un registro naturalista? ¿Tus personajes tienen algo de real?
–No siempre, en esta obra por ejemplo, no necesariamente. Todos los personajes tiene alguna arista con la cual el público se puede identificar, o quizás el contexto donde la situación sucede, puede ser lo que acerca al público y da la idea de una situación que podría ser real. Pero muchas veces los personajes son parte de un imaginario.
–¿Con tu personaje en A dónde van los corazones rotos no te identificás en nada?
–Puedo tener una familliaridad. Pero lo que me gusta de la obra es que es diferente a otras que tratan sobre familias disfuncionales. En este caso es muy leve lo que pasa, es una mirada más universal, no estamos en una conflictiva jodida, sino que hablamos del tiempo, recuerdos, memoria, de cómo hay versiones de cada cosa, de lo que pasó, de cómo fueron los sucesos. Se usa la conflictiva para ver al mundo. No siempre la conflictiva del escenario parte de un hecho dramático sino cuenta algo desde lo cotidiano. No desde "a mí me pasó", sino la vivencia del paso del tiempo, evocación de la niñez. Y como se habla de esas cosas, lo fuerte en lo simple. La verdad es una gran obra, ganó el concurso de operas primas del Rojas este año, participó en Panorama Sur y ahora nos iremos al festival de Santa Fe.
–Pero, ¿qué busca decir la obra?
–Es una obra que evoca la ausencia de figura paterna en este grupo familiar. Se trabaja mucho sobre el paso del tiempo en escena, esperando a un personaje que no llega, descubrimos qué fue, cómo fue, el pasado en ese espacio. La playa es espacio que aúna en la memoria los sentidos de ese pasado añorado, es en el presente un lugar que se encuentra de cierta manera vacío. Algo de ese espíritu es lo que se trató de investigar con los actores en el proceso de trabajo de esta obra. La actividad desarrollada se centró en poder explorar todas aquellas zonas que se encuentran más allá de lo dicho, en un intento por romper con la literalidad. A su vez, desde la puesta, nos propusimos trabajar con un espacio que escape a las convenciones representativas de la playa, que los elementos estén algo corridos de su referencialidad, y en cierto sentido poder reflejar así las formas indefinidas que toman los recuerdos.

El recuerdo de un pasado feliz
A dónde van los corazones rotos es una obra escrita y dirigida por Cynthia Edul y protagonizada por Mónica Raiola, Violeta Urtizberea, Celina Font y Julián Krakov. Narra la historia de tres hermanos y una madre, quienes regresan a su antigua casa de veraneo en busca de ese lugar en el que solían pasar sus vacaciones en otro tiempo, en el que vivían con el padre. Una certeza tienen: ese lugar en el que fueron felices no está más, y no se puede volver a ese tiempo. Pasarán unas horas, esperando la llegada de un familiar que prometió encontrarlos y no viene, recordando viejos tiempos.

Fuente: Tiempo Argentino

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