jueves, 16 de agosto de 2012

Joaquín Bonet, Diego Kogan, Cristina Fridman y Susana Cart: Teatro por la Identidad


“Lo grupal es importante, el camino individual es cortito”

Los teatristas coinciden en señalar la satisfacción que supone poner en marcha cada año el ciclo que acompaña la incansable búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo, sin perder de vista los sinsabores relacionados con la indispensable ayuda económica para plasmarlo.

“Se cumplieron 35 años de lucha de las Abuelas y algunas ya no están. Es triste, pero ellas saben que otros tomarán la posta hasta que aparezca el último nieto recuperado.” Lo dicen quienes desde hace más de una década integran la comisión organizadora de Teatro por la Identidad y lo confirman los artistas, autores, directores y técnicos que vienen colaborando año tras año en estos ciclos nacidos tras la presentación del semimontado A propósito de la duda, en 2000, un trabajo elaborado en base a documentos y testimonios y enlaces de la dramaturga Patricia Zangaro, que dirigió el actor Daniel Fanego. La intención ha sido y es despertar conciencias desde la escena, apoyando a las Abuelas de Plaza de Mayo en la recuperación de la identidad de los nietos, arrebatados a sus padres desaparecidos y asesinados durante la dictadura militar, que aún viven con la identidad falseada.

A la presentación del ciclo en el Teatro Nacional Cervantes –hoy, a cargo de la actriz Georgina Barbarossa y el grupo Los Amados, más varios invitados– le seguirán, a partir de mañana y hasta el domingo 26, las obras seleccionadas para el primer tramo. En una segunda etapa, desde el lunes 2 de septiembre, las obras se verán todos los lunes en otras salas de la ciudad. Esta edición de TxI coincide con un momento especial: días atrás, Abuelas anunció la identificación de otro nieto, el número 106. Este ciclo –que mantiene el formato Espacio Abierto, con lecturas a cargo de diferentes actores y actrices– reúne piezas nuevas y otras ya estrenadas. “Obras con una temática pertinente y otras no tan directas”, como apunta Joaquín Bonet, autor y director de Dos casetes, quien comparte la entrevista de Página/12 junto a Diego Kogan, coautor y director de Picnic 1955 (obra que figura en el programa), y las actrices Cristina Fridman (una de las intérpretes de Dos casetes) y Susana Cart, las dos de la comisión directiva de TxI. Son ellas las que aclaran que la propuesta no es partidista y aspira a la calidad: “La intención es que el público se sienta atraído y quiera ver todos los espectáculos”.

Dos casetes, de Luis Rivera López, “parte de una grabación real en la que una madre le habla a su hija recuperada”. La pregunta es cómo continuar la historia de esta madre y su hija tomando lo grabado en dos casetes. Un caso sobre el cual no se dan nombres, pues se optó por mantener los datos en privado. “Poder ingresar al universo de la madre y llegar a comprender qué siente la hija produce una gran emoción. Nos ayuda a entender desde dónde las Abuelas buscan a sus nietos y a ponernos en el lugar que nos permite valorar sus luchas en toda su dimensión. En Dos casetes Luis va a la raíz de la historia y la acerca de una manera que nos conmueve”, sintetiza Bonet.

–¿Cómo se recobra esa intensidad de la voz en la puesta?

Joaquín Bonet: –¡Ah, eso sí que es trabajo! Decidí tomar esas voces como un relato y transmitir la experiencia del dramaturgo ante las grabaciones. El marco es el testimonio y la dramaturgia una historia que va de lo real a lo no real. Más allá de la comprensión del texto, mi trabajo fue acompañar. El casete, que hoy parece un objeto prehistórico, nos da idea de la época, del contexto en el que fue grabado. Luis rescata un testimonio que existe, que nos habla del paso del tiempo y de una historia en la que las Abuelas nos dan un ejemplo que sigue siendo escaso.

–Picnic 1955 no está conectada directamente con la apropiación. ¿Es la misma obra estrenada en 2011, en el Payró?

Diego Kogan: –Sí, y tiene que ver o no, según cómo entendamos nuestra historia. Picnic 1955 habla del bombardeo sobre Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 (que mató a 366 personas e hirió a 800). Ese fue un eslabón más en la espantosa cadena de ataques y, como contrapartida, de la aparición de las resistencias, porque las hubo y fueron maravillosas. No sé si el ejemplo de Abuelas es escaso. En nuestro país, y en otros países, hay gente que pone el cuerpo. Son esas luminosidades que surgen en las peores circunstancias.

J. B.: –Sé que los dos estamos de acuerdo con la acción de Abuelas, pero digo que así como fue expresada por ellas no es tan común. Mostraron una increíble perseverancia y organizaron sus reclamos, tan dolorosos, sin apartarse de la ley.

Susana Cart: –Ocupándose, además, de certificar la identidad de los nietos apropiados de manera institucional a través de la conexión con el Banco Nacional de Datos Genéticos.

D. K.: –Es verdad que la perseverancia se va transformando y genera situaciones mejores.

–¿Aquel antagonismo social, y odio, de la época a la que alude Picnic 1955, tiene algún punto de contacto con el de este presente?

S. C.: –Esa es una problemática compleja y muy grave. Debiéramos crear lazos que nos permitan una mejor convivencia.

J. B.: –Vivimos en un país en continua formación y seguiremos así hasta que una idea no pisotee a otra y seamos más tolerantes.

Cristina Fridman: –Pasamos por varios aprendizajes. Salir de una dictadura, tener que reconstruir la propia vida y colaborar con el país no es fácil y cala muy hondo en la mayoría. Por eso yo al menos valoro tanto este momento.

S. C.: –Mi percepción es que el ser humano pasó a ser un objeto, en lugar de ser el principio y el fin de todo.

J. B.: –Para no utilizar términos categóricos, digo que debemos admitir que, como sociedad y como país, no tenemos la madurez necesaria para recorrer caminos complejos. No sabemos administrar nuestras energías. Nos dispersamos, y entonces empezamos a patalear. Protestamos y nos enfermamos hasta que llega el momento de la recuperación y creemos ser los mejores del mundo. En este momento, las luchas internas tienen mucho de irracionales.

–¿Esa ineptitud para el aprendizaje genera descreimiento?

D. K.: –No es tan así. En los últimos años se viene haciendo justicia a favor de las víctimas de la dictadura y se está buscando a los niños apropiados. Creo que estas acciones van a influir mucho en la personalidad de los que son más jóvenes que nosotros, de aquellos que están en una primera etapa de su formación.

J. B.: –Sí, pero eso alguna gente no lo valora.

C. F.: –Cuando empezamos con Teatro por la Identidad se decía que a los más jóvenes no les importaba nada y que en el teatro se hacían tonterías. Pero cuando presentamos el primer ciclo, el público estaba compuesto sobre todo por jóvenes.

S. C.: –En estos años, nos preguntamos qué nos mantiene, y la respuesta es “el objetivo”. Cómo negar a una persona el derecho a conocer su identidad y cómo negar a una familia la alegría de encontrar al chico arrebatado con tanto dolor.

C. F.: –La gente nos acompaña, algunos trayendo a sus hijos, hasta vienen con el mate. Si nos dejaran, no podríamos sostener los ciclos. La continuidad se la debemos al público y al aporte solidario de artistas, autores, directores, técnicos y empresarios de salas.

J. B.: –Uno hace teatro básicamente para el otro, y en estos ciclos se crea un espacio de ida y vuelta que invita a reflexionar. Las Abuelas están buscando a chicos que hoy tienen la edad de los que ya son jóvenes padres, y a ellos, sobre todo, va dirigida esta tarea nuestra de comunicar.

D. K.: –El público y la formación grupal son importantes, porque el camino individual suele ser cortito. Esto no quiere decir que cualquier opción grupal se mantenga en el tiempo, pero es posible que, con perseverancia, los grupos se acerquen a sus objetivos. Y de eso se trata, de reunirnos, cuando queremos aprender como sociedad.

–¿Esa es hoy la tendencia en el teatro?

D. K.: –No. La dispersión es enorme.

J. B.: –Me siento hermanado con muchísimos colegas con los que nunca he trabajado. No constituimos grupos fijos. Uno necesita ocuparse en otras cosas para sobrevivir. Lo que favorece a un grupo estable es que puede trabajar con un poquito más de profundidad.

S. C.: –Mi experiencia de grupo fue con el Teatro Del Centro, también fui alumna del Equipo Payró, de Jaime Kogan, papá de Diego. En Del Centro, empezamos siendo un grupo de treinta y tres y quedamos sólo cinco. En esa época no teníamos subsidios.

J. B.: –Es lamentable, pero no sabemos cómo perfeccionar lo creado. Cuando se implementaron los subsidios sentimos alivio y después terminamos pidiendo por favor que no los saquen.

–¿Hubo apoyo para el ciclo a nivel institucional?

S. C.: –El Cervantes nos dio la sala para las funciones de agosto. El Gobierno de la Ciudad había otorgado un subsidio para mantenimiento e infraestructura: un departamentito, una secretaria y una computadora. Pedimos un aumento, un total de 170 mil anual, aprobado en Legislatura por unanimidad, que después fue vetado. En esto funcionó la solidaridad. Nos ayudaron a divulgar el veto y nos llamó el ministro de Cultura, Hernán Lombardi. No cobramos todavía, pero nos darán un subsidio equivalente.

D. K.: –Se habla de dinero y parece que andamos detrás de la plata, cuando lo que lastima es el destrato para con los creadores. Esto de mendigar una reunión es lamentable. Soy hijo de un señor que mantuvo un teatro por más de cuarenta años y sé que décadas atrás se podía hablar con un secretario o un ministro. Con sus diferencias, Proteatro y el Instituto Nacional del Teatro se han convertido en entes de fiscalización de lo que hacemos y no de estímulo y promoción de la actividad teatral.

J. B.: –Uno recibe respuestas insensatas. Los que estamos en teatro somos en general gente amistosa, pero algunas situaciones enervan. A veces la respuesta es buena en las formas, pero esconde mucho cinismo, y debemos cuidarnos más del sí que del no. Porque ese sí es condicional y nos mantiene congelados durante meses.

S. C.: –Quizá suena antipático decirlo, pero en nuestra profesión se da el cholulaje. El famoso recibe un trato distinto. Ellos son nuestros compañeros, colaboran con TxI, lo saben y se prestan a pedir por nosotros. La lucha por la recuperación de los nietos es clara y, por eso, en esta experiencia teatral, no hemos encontrado quien se ponga en contra.

J. B.: –El cholulaje es atendible frente a un privado, pero no ante un funcionario, que debe ser en este caso un profesional de la cultura, saber quién es quién y valorar a cada uno por sus antecedentes. La claridad de esta búsqueda de Abuelas tiene que tocar la sensibilidad de las personas. Nosotros pedimos que la gente se acerque y se informe. Me ocurrió a mí, cuando me acerqué a Teatro por la Identidad. Sabía qué había pasado durante la dictadura, pero del tema puntual del robo de niños me enteré recién a los 24 años. Hasta ese momento, no tenía conciencia clara de la apropiación de menores, y fue esa sensibilidad directa la que desde entonces me mantiene unido a estos ciclos que, en esta época de tantos antagonismos, nos constituyen como sociedad desde el teatro.

* Tal como se informa en el programa de mano –bellamente ilustrado con una imagen del cuadro Familia tipo (fantasía sobre la convivencia), de la artista plástica, escenógrafa y vestuarista Renata Schussheim–, la comisión directiva de TxI está integrada por Raquel Albéniz, Mathias Carnaghi, Susana Cart, Amancay Espíndola, Cristina Fridman, Patricia Ianigro, Eugenia Levin, Julieta Rivera López, Luis Rivera López, Claudio Santibáñez, Mónica Scandizzo, Mauro Simone, Anabella Valencia y Andrea Marina Villamayor.


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