lunes, 2 de julio de 2012

Ramiro Lehkuniec

El ensayo previo al gran debut

La narrativa de Abelardo Castillo y César Aira, la obra poética de Néstor Perlongher y Washington Cucurto, los monólogos de Alejandro Urdapilleta y los melodramas de Armando Discépolo, Florencio Sánchez y Salvadora Medina Onrubia constituyen un excelente punto de partida para que el actor pueda ir más allá de la palabra.

Lehkuniec es Jefe de Trabajos Prácticos en la cátedra de Actuación II a cargo de Analía Couceyro en la Licenciatura en Actuación del IUNA. Se formó como actor y director con Ricardo Bartís y es licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). En 2012 publicó su primer libro como dramaturgo y es docente invitado en el Instituto de Estudios Teatrales de la Sorbona, París.

¿Qué papel juega Actuación II en la formación actoral?

La licenciatura en Actuación es un espacio de formación, intercambio y producción artística. En este contexto, la asignatura ocupa un lugar privilegiado a lo largo de la carrera. Durante el segundo año, el propósito es desarrollar los recursos técnicos y poéticos del actor para la escenificación de textos, y las primeras experiencias con el público. Nos ocupamos del despliegue de la imaginación, la ampliación de las posibilidades expresivas, el entrenamiento en improvisación, la composición de personaje, el manejo y la exploración de la voz y el cuerpo. El actor como director también es parte del aprendizaje porque involucra al intelecto y la sensibilidad: debe poder visualizar al acontecimiento teatral como una totalidad para explorar estéticas singulares en el contacto con el espectador.

¿Qué escenas son las más adecuadas para esta parte de la formación actoral?

Nos dedicamos al estudio y la escenificación de autores de nuestra cultura o tradición, porque favorece el acercamiento, y eso es muy importante por tratarse del primer trabajo de los estudiantes sobre la palabra escrita. La narrativa de Abelardo Castillo y César Aira, la obra poética de Néstor Perlongher y Washington Cucurto, los monólogos de Alejandro Urdapilleta y los melodramas de Armando Discépolo, Florencio Sánchez y Salvadora Medina Onrubia constituyen un excelente punto de partida para que el actor pueda ir más allá de la palabra. Se trata de encontrar un eco en el cuerpo de aquellas ideas, a veces barrocas y siempre muy bellas, propias de la literatura.

Fuente: Revista Ñ

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