miércoles, 18 de julio de 2012

Pablo Echarri


Locas por Echarri

Después de cada función de “El HDP del sombrero”, el actor queda arrinconado por el fanatismo de sus seguidoras mujeres.

El chico lindo de barrio se convirtió en un actor maduro, sin perder por eso el encanto de entonces. Y sus fans lo reconocen. Así, todas las noches después de las funciones de El HDP del sombrero, a Pablo Echarri lo esperan decenas de fanáticos (mayoritariamente fanáticas) para saludarlo. “Algunas no son tan chicas, el abanico de edades va creciendo, indefectiblemente, como uno”, define el actor, entre risas. “Son como las ‘nenas’ de Sandro, en menor cantidad y salvando las distancias”, aclara.

Para el actor, esa demostración de cariño y fidelidad es una emoción diaria. “Hay gente que me dice que me sigue desde el principio de mi carrera y eso ya significa casi 20 años. Me nombran trabajos de los que yo ya casi no me acuerdo. Mi cabeza ya no es la misma y ellas cada vez son más mi ayudamemoria”. Entre las fans de Echarri (muchas van a ver la obra en el Paseo La Plaza y luego esperan para saludarlo y otras llegan al final para esperar que salga y sacarse una foto con él o darle un beso) hay también algunas personas que tienen que ver con distintas etapas de su vida. “El otro día vino una clienta de cuando yo era vendedor en un local de ropa en la peatonal Las Flores, de Wilde. Y me trajo una foto donde estaba yo, con el pelo largo. Eso habrá sido en el ‘93 o ‘94. También vinieron a saludarme ex compañeros del colegio industrial, vecinos de Villa Domínico, donde me crié. Es muy emocionante, porque con cada uno de ellos me aparecen recuerdos hermosos”, dice.

Echarri es de los que no se olvida de dónde viene y, eso, la gente parece agradecerlo: “Yo tuve una etapa de mucha exposición, donde me costaba más relacionarme como ahora. Pero después entendí que fui bendecido por el cariño del público y me aflojé. Y ahora disfruto de sentir esta energía, este afecto genuino que, de verdad, lo agradezco. Está bueno descubrir que la simpleza que uno puede conservar es un valor. Y me alegra”.

Fuente: Clarín

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