sábado, 28 de julio de 2012

Nicolás Manasseri: Hora libre, rock en la escuela


Mensaje para los hijos y para los padres

Hay, por estos días, una innumerable diversidad de espectáculos de teatro infantil. Los hay para todos los gustos y edades (y esta sección diaria ha dado cuenta de ello). Pero son pocos, quizá muy pocos, los que ponen la lupa en ciertos temas complejos de teatralizar, como el rol de la escuela pública, la defensa de los derechos del niño y la crítica a un sistema educativo que adoctrina, discrimina y no estimula el pensamiento crítico ni fomenta espacios para la creatividad artística. Sobre todo eso y mucho más versa Hora libre, rock en la escuela, una puesta teatral y musical pensada para toda la familia y dirigida por Nicolás Manasseri. La obra divierte, entretiene, genera ganas de cantar y bailar y principalmente entiende al niño espectador como sujeto social. “Es de algún modo una obra contestataria. Quisimos hacer una crítica a la estructura de la escuela actual”, explica a Página/12 el joven director, que además actúa en esta historia.

“Quisimos dejar un mensaje que no sea sólo para el chico, sino también para el padre”, explica Manasseri, sobre la puesta que cuenta con quince actores, un coro femenino y una banda de rock en vivo. “Es que a través de una historia infantil y entretenida se ponen en escena distintas temáticas –que no son fáciles de abordar desde la niñez, pero que aquí están perfectamente trabajadas– como la defensa de la escuela pública y el rechazo a estudiar ‘de memoria’.” Una muestra de ello es una de las canciones, que apunta en su estribillo: “¡Oh, oh, oh, todos por la educación!”. Y, llamativamente, más de un niño ha salido embaladísimo cantando esa canción. “Que el mensaje de defensa por la educación quede en la mente de un nene para nosotros es muy importante”, señala el director.

Hora libre... cuenta la historia de un grupo de estudiantes (casi adolescentes) que frente al inminente cierre de la escuela a la que pertenecen deciden unirse y elaborar un plan para salvarla de las garras del villano, el empresario Sebastián, que planeará demolerla para construir en ese lugar una fábrica. Y así llevar a cabo su gran objetivo: “Dominar el mundo”. Todo eso sucede teniendo como soportes la música en vivo (dirigida por Joaquín Salamero), las coreografías (a cargo de Fernanda Provenzano) y la escenografía (en manos de Clara Ventura).

Definitivamente, no se trata de una puesta solemne y aburrida, sino todo lo contrario: cuenta con una notable utilización del espacio escénico, una iluminación acorde, un decorado colorido que inmediatamente atrae la atención y la música que acompaña cada situación generando la necesaria tensión dramática. Lejos está de ser un espectáculo de teatro infantil rimbombante. No necesita de elementos ni escenas pomposas para entretener al espectador y captar su atención durante la hora de función. Hay una perfecta conjunción de la música, el baile y la actuación.

“Nos interesa la idea de tomar temas que se estudian en otras disciplinas que no son artísticas, como la psicología, y trasladarlos al teatro para que éste funcione como un medio de comunicación”, cuenta el director, que en la obra encarna a Nico, un chico al que le gustan el rock y la poesía y quien se enamora de la chica más rebelde de la escuela, Luli. “Esta obra directamente busca una reflexión en el chico y en el adulto, sobre todo. Buscamos transmitir la idea de que la escuela es muy importante, es como una segunda casa, entonces es un mundo de identificación”, concluye el joven dramaturgo, quien también estudia psicología.

Hora libre, rock en la escuela
Sábados y domingos a las 15 en El Cubo, Zelaya 3053. Sigue hasta agosto. Entradas desde 50 pesos. Escuelas y fundaciones, gratis.

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