jueves, 26 de julio de 2012

La historia del señor Sommer


Una memoria selectiva

Carlos Portaluppi protagoniza esta obra de Patrick Suskind (“El perfume”), sobre los recuerdos de un hombre.

Dicen que los peces no tienen memoria, mientras que la de los humanos es una cualidad totalmente selectiva. En La historia del señor Sommer , el recorte que realizamos de nuestros recuerdos aparece claramente retratado.

El cuento de Patrick Suskind (el autor alemán, autor de la exitosa novela El perfume ) nos sumerge en ese mundo interior del que cada uno es dueño y esclavo. Protagonizada por Carlos Portaluppi, esta versión teatral de Guillermo Ghio, también director, ubica al espectador frente a un mundo íntimo y a la vez, universal. En el constante ir y venir de los recuerdos del protagonista hacia su infancia, aparecen los miedos, los sueños, las infinitas tramas que fueron armando esa historia que se nos cuenta. Y que puede ser cualquier historia. Algunos objetos sobrevivientes de la infancia le sirven al hombre adulto para volver a encontrarse con ese mundo que sigue viviendo en algún rincón de la conciencia.

Con una gama sutil y variada de matices, Portaluppi vuelve a traer al presente al chico que fue, a los personajes que lo marcaron para siempre y que lo transformaron en lo que es hoy. La escalera que también es el árbol donde jugaba, un sillón, unos tachos de pintura, un pianito de juguete, algunos trapos son elementos, al parecer insignificantes pero que adquieren otra dimensión cuando el protagonista se traslada al pasado. Al mundo de sus hazañas infantiles y de sus amores adolescentes; de sus miedos y de sus logros: tan pequeños y tan grandes, según la perspectiva que le da el tiempo.

Es interesante, además, descubrir que un autor como Suskind, que puede sumergir al lector en un mundo tan oscuro, denso y trágico como el de El perfume , también es capaz de crear una atmósfera más tierna y edulcorada, hasta naif incluso, con esta historia. Aunque en la acidez del relato de algunas de las travesuras del protagonista se puede vislumbrar esa cara más dramática de la vida.

Por otro lado, Portaluppi (que en este momento forma parte del elenco de Todos felices , en teatro, y La dueña , en TV, junto a Mirtha Legrand) compone con oficio a ese hombre que, por momentos, tam bién es niño y adolescente. Tanto como para creerle que, realmente está trepando al árbol de la infancia cuan do se sube a la escalera de pintor.

Con el juego de luces y la música apropiadas, la figura del señor Sommer, que el protagonista no puede olvidar, es la gran metáfora de una época que todos atravesamos. Una historia aparentemente pequeña puede ser la clave para reflexionar sobre muchos aspectos de la condición humana y tratar de entendernos. Todos tenemos un señor Sommer en la memoria. Y para cada uno significará algo distinto.

Fuente: Clarín

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