jueves, 26 de julio de 2012

Hombres de casaca negra

Los fantasmas de la historia

Dos hombres unidos por la soledad, la culpa y la traición, son los protagonistas de esta pieza, en la que Claudio Chaves y Rubén Stella, reveen un hecho histórico, que tiene por principales personajes a dos figuras del pasado argentino: Juan Lavalle y Manuel Dorrego.

Lavalle y Dorrego había sido compañeros de armas en el ejército, pero más tarde el primero se inclinó a favor de los unitarios y el segundo, inmerso en la ideas rosistas, respondió a los federales. El 13 de diciembre de 1828, Lavalle ordenó el fusilamiento de Dorrego, que había sido gobernador de la provincia de Buenos Aires.

LAS SITUACIONES

Ese hecho que dio un vuelco a la historia, es enfocado por los autores, mediante un simétrico equilibrio de situaciones. En ellas puede verse a un solitario Lavalle, que en su habitación revive como una pesadilla, algunos de los hechos que cimentaron un pasado, en el que la fidelidad a sus superiores, no siempre le permitieron mantener en alto el honor de un hombre, que -según lo pone de manifiesto el texto- trató de ahogar las manifestaciones populares.

En un espacio único, una habitación, en la que puede verse un escritorio, una cama, un espejo, papeles, un portafolio y una pluma, Lavalle repasa una especie de diario íntimo y se sumerge en recuerdos, en los que coinciden los fantasmas de María Dolores Correas de Lavalle y el fantasma de Manuel Dorrego.

El fantasma de Dorrego se posiciona en la escena, como una figura que acusa y pone de manifiesto el dolor, el cuestionamiento y el odio hacia el que fuera su compañero de armas de juventud. El que además de traicionarlo, también ordenó su fusilamiento, instigado por las figuras de Salvador María del Carril y Juan Cruz Varela.

EL FANTASMA

En ese mar de reproches y pedidos de explicaciones, el fantasma de Dorrego, vuelve a demostrar el ímpetu de un carácter que le provocó varios enemigos, mientras Lavalle, se muestra algo rendido, cansado, dominado, por circunstancias, que en los últimos tramos de su vida, lo encuentran sumergido en la más absoluta soledad.

Suele pasar con los hombres de armas, que pasan de lo épico a lo íntimo, sin preámbulos para terminar expurgando una serie de acontecimientos, teñidos de más absoluta soledad. Esto es lo que acontece en esta sólida y por momentos electrizante pieza histórica, a la que Chaves y Stella, le otorgaron un gran compromiso autoral.

Desde la dirección el mismo Rubén Stella y Pinty Saba se preocuparon por otorgarle a cada personaje los matices necesarios, para separar ese marco de real pesadilla que vive Lavalle, junto a la presencia fantasmática de Dorrego.

Una original simetría espacial y un preciso diseño de los caracteres de los personajes, mantienen la concentración del espectador, ante esos hechos de la historia argentina, que parecen descubrirse por primera vez.

Daniel Miglioranza y Aldo Pastur consiguen un "encendido" contrapunto actoral, en el que las emociones y los silencios juegan como aliados de sus dos inteligentes actuaciones. A su lado Analía García Barbari, aporta su sensibilidad al papel de María Dolores Correa de Lavalle.

Fuente: La Prensa

Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 330), sábados, a las 21.

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