sábado, 28 de julio de 2012

Diego Corán Oria y Facundo Rubiño: Alicia en Frikiland


Una experiencia que excede lo teatral

El último fin de semana de vacaciones de invierno encuentra exhaustos a chicos y grandes. Pero la cartelera porteña hace un último llamado antes de que recomiencen las clases. Aquí va, entonces, un puñado de alternativas teatrales y/o musicales que merecen ser vistas.

“¿Quién eres tú?”, interroga la Oruga con voz blusera y de manera insistente a Alicia, que no sabe qué hace en ese lugar tan raro al cual ingresó por un inodoro y donde ella, la rara en su propio mundo, se siente descolocada intentando entender las reglas que le permitan recuperar a Sucio, el oso de peluche que tan segura la hace sentir. “¿Qué es ser raro?, ¿por qué la gente se siente rara?”, pregunta Diego Corán Oria, director y parte del colectivo Random Creativos que presenta el musical Alicia en Frikiland en el Teatro 25 de Mayo, en principio hasta el 12 de agosto.

“Lo friki es una acepción española sobre lo freak, lo raro”, dice Facundo Rubiño –coautor del libro de Alicia en Frikiland con Corán Oria y que interpreta a la desquiciada Liebre en la obra–, y agrega que el término se refiere a “tener una fijación con determinados temas, pero nosotros lo desestructuramos. Pensamos en lo freak como lo singular, lo que se escapa del canon”. En una escuela llena de inadaptados, Alicia siente que es la que menos encaja. Su grupo se está preparando para una presentación donde deben cantar, pero ella todavía no está siquiera segura de poder encontrar su propia voz. Sumado a eso, no termina de animarse a decirle a su mejor amigo que le gusta. Pero no todo está perdido, ya que en un encadenamiento de eventos el mencionado Sucio es secuestrado y persiguiendo al captor Alicia cae por un inodoro hacia un mundo en el cual palabras como “realidad” o “sentido” generan escándalo.

Para el director “lo raro no deja de ser una convención, una palabra como que esto es madera, esto es verde, y raro es no ser lo que uno quiere ser”, y su amigo y actor –que acaba de estrenar La Farolera en el San Martín, con dirección de Virginia Lago– enfatiza que “no es transmitir un mensaje desde un lugar de ‘yo te voy a decir cómo es la vida’, porque nosotros mismos estamos buscando. Es lo que se refleja en la obra, porque la obra somos nosotros”.

Dialogando con la fantasía victoriana del ilustrador John Tenniel con su Alicia de cabello ondulado y rubio (Mariel Percossi, la joven protagonista, es morocha y con rulos) de la versión Disney sobre la obra de Lewis Carroll, Alicia en Frikiland mezcla el pop, el rock y el punk para mucho de su psicodélico armado visual. La coreografía llega a montar armónicamente elementos incluso más variados y los parlamentos combinan el barroco lenguaje de Carroll con múltiples referencias bastante más contemporáneas, dándole a la obra un aire de mosaico cultural con ritmo de dibujo animado; el viaje de Alicia es también uno estético. “Es que (la cabeza del chico) está mucho más avanzada. Está más atenta a la interacción de géneros”, dice Rubiño.

Alicia en Frikiland se armó desde su génesis como una experiencia que excede lo teatral, con acciones virales que tuvieron y tienen a Facebook y Twitter como protagonistas y que incluyeron un recital (el Random Rock), una “colecta” entre los seguidores de Random para juntar objetos para la escenografía y hasta el posteo de videos como parte de un concurso de frikidance. Hasta la selección de Alicia tuvo su seguimiento. Para Rubiño, fue la posibilidad de construir la obra como totalidad “cuando la obra sigue trabajando en la cabeza del espectador más allá del espectáculo; no es solamente la experiencia que tenga dentro del teatro, sino que llegue a la casa y siga comunicándose con ese material”. Quizá por eso tampoco extrañe que los músicos que tocan en vivo sigan haciéndolo una vez finalizado el espectáculo para quien quiera quedarse unos minutos más.

Alicia en Frikiland
Martes y miércoles a las 17. De jueves a domingo, doble función: a las 17 y 20.
Teatro 25 de Mayo (Triunvirato 4444). Entradas desde $ 30.

Fuente: Página/12

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