viernes, 20 de julio de 2012

Bubba


Bubba

El conocido muñeco de las jugueterías ahora cobra vida en su versión teatral

El mono Bubba visita la granja de la mano de su amiga Flor. Uno a uno pasan a escena los animales, comenzando por el gallo que se retrasa en su canto para iniciar la jornada. Sólo la vaca permanece escondida y mantendrá así hasta el final un ligero toque de tensión dramática en el show. Bubba descubre que la granja es más que nada un espectáculo de animación, con algunos toques argumentales en torno a cada personaje y los números musicales, dirigido hacia los más pequeños, con la conducción de Agustina Vera al frente de una troupe de grandes muñecotes. En la sala se ven mamaderas, muchas madres cantan los temas con sus hijos, alguno se escapa por el pasillo central en dirección hacia el escenario -eficazmente atajado por las asistentes-, y una multitud de pequeñas voces alerta a los protagonistas cuando la vaca asoma desde su escondite. En el caso de Bubba, se cumple un camino inverso al habitual: primero existieron los muñecos -y sus canciones- en las jugueterías. Al pasar al escenario ya era un personaje conocido por muchos.

Agustina Vera lleva adelante la función con ritmo y sin la falsa afectación que suelen adoptar las conductoras de otros shows dirigidos a los más chicos. Canta bien, se desenvuelve con simpatía y pone una cuota de precisión en las coreografías que no todos los muñecotes logran seguir del mismo modo. El ballet de los cerditos, el fresco trote del caballo, la irrupción de un gran tractor y la aparición final de la vaca son momentos que, aun dentro de su sencillez, aportan una cuota de emoción a una trama sumamente simple. Las voces de los animales no siempre se atribuyen claramente a la gestualidad del que le toca hablar y la oveja y la chancha se parecen un tanto en su diseño, de modo que alguno los confunde en un primer momento, incluso alguna vocecita cree haber descubierto en ellos a la vaca antes de tiempo, pero el contexto pronto aclara la identidad de los personajes y todo sigue su curso preestablecido.

La visita de Bubba a la granja está pautada a lo largo del transcurso de una jornada, desde el cantar matinal del gallo, pasando por el intervalo de la siesta, hasta el atardecer. Un fondo de video a todo lo ancho del escenario marca tranquilamente el paso del tiempo mediante la aparición del sol. A lo largo de una hora de espectáculo hubo un momento para cada uno de los animales. No hay grandes sorpresas, salvo la lluvia de burbujas que inunda las primeras filas para ilustrar el baño de los chanchos. Pero tampoco se apela a golpes bajos para atrapar la atención de los chicos.

Fuente: La Nación

Sala: Metropolitan 1, Corrientes 1343 / Funciones: de martes a domingos, a las 14.30 y a las 16.30.

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