W.C. Las olorosas aventuras de William Calderón


W.C. Las olorosas aventuras de William Calderón

Un grupo de piratas emprende un viaje ecológico por un mar de inmundicias

La festiva banda irrumpe en la sala por los pasillos. Son los piratas que van al abordaje del escenario del Teatro de la Ribera, esa alta nave sobre la orilla del Riachuelo. Avanzan al ritmo de una sonora tuba, de las cadencias de flauta y acordeón, al paso del redoble del tambor. Una vez a bordo, deberán zarpar a buscar, más que un tesoro escondido, el origen de los nauseabundos olores que contaminan los mares y amenazan a sus habitantes. Hasta Neptuno se encuentra en peligro ante el acecho de inescrupulosos enemigos como la diosa de los engaños Mboe y un siniestro empresario de acento foráneo. Pero el capitán William Calderón conducirá a sus muchachos hacia un final de bombos y platillos. La salida de la troupe invita casi a participar del colorido baile de despedida.

La agrupación teatral Compañía Nacional de Fósforos y la Babel Orkesta se unieron para llevar a escena una saga aventurera, en la que abunda la música de onda balcánica, en medio de un vistoso despliegue de personajes característicos y recursos escenográficos y de vestuario de fuerte impacto visual. Músicos y actores se fusionan sin distinciones en la tripulación pirata, a la que pondrán a prueba la gran mancha de petróleo que todo lo enreda y los arlequinescos pases del empresario interpretado por Miguel Angel Ludueña. La puesta de Paula Brusca Di Giorgio de W.C. Las olorosas aventuras de William Calderón, escrita y protagonizada por Cristian Palacios, pone desde el vamos toda la artillería sobre el escenario, con lo que logra atraer al público pequeño y grande al zarpar hacia la odisea contra las inmundicias.

Sin embargo, a medida en que avanza la expedición, la relativa falta de matices hace que el viaje teatral se extienda un poco más allá de lo necesario. La presencia de dos presentadores -Juan Manuel Caputo y Diego Brizuela-, introduce con gracia la historia. Pero sus intervenciones constantes también obturan hasta cierto punto un desarrollo más intenso de la trama, que pasa por momentos a adquirir una connotación de relato ilustrado mediante viñetas de colores fuertes y trazos llamativos, a los que, paradójicamente, les falta algo de vitalidad dramática.

Pero la música compuesta por Pablo Maitía, en su recorrido por diversas geografías rítmicas, hincha las velas de la navegación teatral, pone en movimiento a los piratas un poco caricaturescos y les permite llegar -finalmente- a buen puerto.

Fuente: La Nación

Sala: Teatro de la Ribera, Pedro de Mendóza 1821 / Funciones: jueves y viernes, a las 20; sábados y domingos, a las 18.30.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tina Serrano

Andrea Gilmour

Raúl Baroni, Lorena Romanin y José Maldonado: Bernarda Alba al desnudo, Julieta y Julieta, y Estúpidamente Medea