sábado, 16 de junio de 2012

Petrona, una delicia teatral


Petrona, una delicia teatral

Secretos domésticos de la célebre cocinera, con degustación incluida

Aunque veinte siglos los separan, algo en común tienen Petronio y Doña Petrona, aparte de la semejanza entre sus nombres: el escritor romano, en su célebre Satyricon , se delira al contar el banquete del advenedizo Trimalción, donde se ofrecen manjares de formas engañosas (platos que dibujan los signos del Zodíaco, presuntos panes que en verdad son lirones cocidos en miel?), mientras que en el recetario de la ecónoma argentina -asimismo un clásico en su género- se pueden encontrar en el rubro tortas, la Capillita de mi pueblo, el Barco y otras barrocas construcciones culinarias que inspiraron al artista Juan Stoppani cerámicas que estilizaron las ilustraciones de ese best-seller.

Obras estas que integraron la muestra Patria Petrona que se ofreció en Proa el año pasado, y luego en el Museo de Bellas Artes (enero-febrero de 2012). Una invención de Alfredo Arias que incluía trajes alusivos de Pablo Ramírez y Tortazo , lecturas hechas por el director y Alejandra Radano de la literatura firmada por Petrona C. de Gandulfo, entre el humor crítico y una cierta ternura. Asimismo, podría decirse que Petrona y Petronio se emparentan en la feliz ignorancia de los riesgos de las grasas saturadas, y que obviamente ninguno de los dos tuvo la menor idea ni de la deconstrucción culinaria de, por ejemplo, Ferran Adrià, ni de los nuevos rituales vinculados a la comida en el siglo XXI?

Además de brindar numerosas recetas de platos dulces y salados, Petrona adoctrinaba a sus seguidoras sobre cómo llevar una casa, dando por sentado que las mujeres era las naturales responsables de estas labores que desde luego giraban en torno de la cocina: las cuatro comidas, las reuniones y celebraciones, adiestramiento y vestuario del personal doméstico. Precisamente esta zona del texto petronil es la que toma el director Mariano Dossena para armar una desopilante dramaturgia que culminará con la enunciación de una receta (distinta en cada función). Así como Jean-Luc Lagarce en Las reglas de urbanidad de la sociedad moderna (obra que interpretó magistralmente en 2007 la actriz Graciela Araujo) hizo la edición de manuales de comportamiento de comienzos del siglo XX, Dossena desglosa una serie de indicaciones de tono admonitorio sobre cómo mejorar el rendimiento del ama de casa, sobre todo en tiempos en que escasean las mucamas cama adentro.

La originalidad de la propuesta de Dossena radica en que hace funcionar estas recomendaciones como diálogos absurdos entre diversos personajes (vestidos de gala, de calle, de entrecasa, de personal doméstico). La obra Petrona, una delicia teatral transcurre en un salón comedor, la gran mesa cubierta por el mantel de hilo blanco que preconiza la ecónoma, alrededor del cual los personajes revolotean, se arraciman, bailotean exponiendo en distintos tonos sus exhortaciones. Es decir, las de Doña Petrona C. Obviamente, para darle relieve a esos textos sobre cómo limpiar cristales con amoníaco o de qué manera trinchar un ave -acertando, por favor, en la articulación con el cuchillo afilado-, se requería el aporte de intérpretes muy entrenados que dieran con nitidez el perfil de sus diversos personajes y que se expresaran con perfecta dicción y apropiada modulación. No es el caso del numeroso elenco que -salvando a Elsa Espinosa, quien defiende con mucha gracia y coherencia a su señora paqueta- más bien se desempeña como una alegre y voluntariosa troupe de aficionados. El espectáculo se completa gratamente con la invitación a ingerir un sabroso plato casero (ñoquis en la ocasión comentada) y el obsequio de un medallón de chocolate que lleva en relieve el nombre de la cocinera nacional.

Fuente: La Nación

Sala: Inboccalupo (Virrey Arredondo 2493) / Funciones: sábados, a las 21.

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