sábado, 16 de junio de 2012

Favio Posca




Favio Posca: “Yo detestaba los actos escolares”

Dice que jamás participó en una fiesta del colegio. Y que era el que “hacía reír a todo el mundo”. Se formó en el San Martín y se destapó en el Parakultural.

Ya con la suela gastada sobre el escenario, cuando echa la vista atrás, la mayoría de los artistas encuentra la raíz de su oficio, indefectiblemente, en las fiestas del colegio. O porque se anotaban en todas, o porque la maestra había visto cierto histrionismo en sus juegos, o porque preferían ensayar en vez de quedarse en clase, o porque asomaba la vocación. Bueno, no es éste el caso. Favio Posca, un tipo que sabe romper moldes, también se embandera en la excepción a la regla: “Yo detestaba los actos escolares, nunca actué en ninguno. No me iba eso de hacer de soldadito o de prócer. De nene era, cómo decirte… Era como un pájaro libre, como un león en la selva. Era salvaje”. Definiciones, ésas, que sobrevuelan sus puestas en escena. De lo convencional, poco y nada.

“Me cuesta mucho describir mis personajes o mis espectáculos. Hay que verlos, hay que sentirlos. Puedo tirar una o dos características, pero la esencia va más allá de mis palabras. Para saber de qué se trata hay que estar ahí, palpar esa energía. Y de chico era exactamente igual. No sé lo que hacía, pero sí sabía lo que provocaba: revolucionaba a la gente desde la risa… Hacía reír a todo el mundo. No era un contador de chistes. El humor me salía desde las transformaciones, desde el cuerpo. Algo parecido, en un sentido, al estilo que tengo ahora, de deformarme y convertirme en otro sin apagón de por medio”, entiende el protagonista de Bad Time Good Face , el unipersonal que anteayer comenzó su tercera temporada, en el Paseo La Plaza, con funciones de jueves a sábado.

Nacido en Mar del Plata hace 45 años, creció en la ciudad cordobesa de La Falda y luego volvió a la Costa, lo que lo convirtió, sostiene, “en una mezcla perfecta de océano y montaña. Y ese marco en el que me crié me permitió armar mi propio mundo fantástico, con mucha libertad, con cabalgatas, olas, árboles… Y eso me llevó a ser un loco de los deportes”, cuenta el ahora especializado en ‘ stand up surf’ , que se practica “con una tabla grande, en la que es muy difícil pararse para surfear, y un remo. Trabajás a full todo el cuerpo. El otro día me subí a ésa y nos fuimos con Rocco -su hijo menor, de 12 años- por ahí. El es muy bueno surfeando. También toca la viola, es músico de alma. Y yo, ni hablar”.

Tras su simpático papel de malo en Los únicos , ahora tiene un personaje clave en Condicionados , el unitario de El Trece (miércoles a las 23) en el que compone a Bebe, el amigo incondicional de los Cocker (Oscar Martínez y Soledad Silveyra) que esta semana comenzó a mostrar el alma: se reencontró con un actor porno que fue su viejo amor, devenido en nuevo desamor.

“Muchos piensan que arranqué en el underground , pero yo me formé en el San Martín, re loco, ¿no? Hice muchos clásicos, los directores me recomendaban, me iba muy bien ahí. Y hacia fines de los ‘80 elegí ir al Parakultural -refugio creativo del off - y al (Centro Cultural) Rojas para empezar un camino solo, desde abajo. Tenía necesidad de separarme del mainstream (corriente principal) cultural e ir al sótano”, en un recorrido que no implicaba precisamente bajar.

Pero la primera baldosa de su trayectoria se ubica antes del San Martín, cuando, aún en Mar del Plata y en el secundario, “una amiga me dijo ‘¿Por qué no vas a estudiar teatro con un francés muy bueno que está dando clases en la Alianza Francesa?’.

Empecé y al toque me di cuenta de que eso era mi proyecto de vida. No había visto antes la posibilidad de perfeccionar lo que tenía. Para mí, yo era así y punto. Pero cuando descubrí que la herramienta estaba en mí fue un flash . Y me formé en danza, en acrobacia, en todo lo que pude. Por eso puedo deformar mi cuerpo sin contracturarme”.

Frente a una limonada con menta y jengibre, en un bar de Palermo al que va seguido -aunque vive en zona Norte-, recuerda sus primeros pasos: “Arranqué haciendo intervenciones en espectáculos del Auditorio de Mar del Plata y después hice un programa para chicos en Canal 8, que al tiempito llevé al teatro. Armé un espectáculo de 20 minutos para montar en la casa de Astor Piazzolla (ver El personaje ) y después, como a mi mujer, que es psicoanalista, le salió una residencia en el Borda, nos vinimos para Buenos Aires”. Ya con un nombre en el teatro oficial y en brillantes penumbras del under , llevó sus personajes a la TV y se mostró en De la cabeza y Del tomate , hasta que pisó fuerte en Nico (el programa de Nicolás Repetto que calentó con muy buen rating los mediodías de Telefe, en el ‘95).

Tiene un símbolo de la paz tatuado en el dedo mayor de la mano izquierda, dos hijos -la mayor, Manuela, de 18 años-, unos “pelos locos” que le prestó su actual personaje de televisión, un lugar ganado en el humor y un molde en el que los lugares comunes no tienen espacio.

Fuente: Clarín

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