jueves, 21 de junio de 2012

Alberto Conejero: Cliff (Acantilado)


Al borde del borde

“Cliff (Acantilado)”, del español Alberto Conejero, es una indagación sobre la figura de Montgomery Clift.

Nadie recuerda a George Chakiris. Pero una noche de 1962 le arrebató el último sueño a un sobreviviente cuando se llevó el Oscar al mejor actor de reparto por su Bernardo de Amor sin barreras. Fue su nombre y no el de Montgomery Clift, nominado por sus 10 minutos como el testigo Rudolph Petersen en El juicio de Nuremberg, el que estalló en la ceremonia de la Academia de Hollywood. Fue una mala noche para algunos actores del método: el jugador de billar Eddie Felson, o Paul Newman en El buscavidas, también perdía en la terna protagónica. A veces la justicia llega tarde, como premio honorario o como mito.

“La más valiosa posesión que un actor puede tener es el coraje para fracasar”, decía Clift. Su cara se destrozó en un accidente automovilístico, una madrugada de mayo de 1956 cuando volvía de una fiesta en la casa de su amiga Elizabeth Taylor, con quien estaba en plena filmación de El árbol de la vida. Hacía apenas 8 meses que la rebeldía de James Dean se convertía en leyenda. Pero en el caso del protagonista de Río Rojo, La heredera, De aquí a la eternidad, Ambiciones que matan, Mi secreto me condena –películas donde asomaba un prototipo sensible y melancólico opuesto a la energía sanguínea de su vecino de Omaha, Nebraska, Marlon Brando–, la vida continuó 10 larguísimos años en los que se propuso reinventarse. Sobre esa pirueta en el abismo cuenta Cliff (Acantilado), el unipersonal del español Alberto Conejero, que dirige Alejandro Tantanian y protagoniza Nahuel Cano.

“No es un bioplay sobre Monty Clift, no hay en absoluto un intento de recreación o un acercamiento historicista a su figura aunque la obra esté atravesada desde la primera hasta la última por la biografía y la filmografía del actor. De ahí que desde el título –que juega con el apellido del actor y una de las imágenes centrales de la fábula– haya querido alejarlo del Clift ‘real’”, dice Conejero, dramaturgo y docente, graduado en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y ganador con Cliff en 2010 del Certamen Internacional Leopoldo Alas Mínguez, para textos teatrales de temática gay, lésbica, bisexual o transexual. “Clift me interesó porque no es un actor que se haya convertido en un ícono como, por ejemplo, James Dean o Marilyn Monroe, a pesar de que filmó algunas de las películas más excepcionales de esa época. Sobrevivió al accidente que lo desfiguró una década y pudo rescatar de su naufragio personal  –lleno de amantes terribles, de cirugías fracasadas, de adicciones– su dignidad como creador, su inmenso respeto al oficio de actor. Precisamente esa lucha de Clift contra su máscara pública, hecha añicos por el accidente, su persistencia en sobrevivir y rescatarse de la imagen que le devolvía el celuloide y que ya no correspondía a su realidad, eso fue lo que más me interesó.”

Mientras espera su gran noche, la que imagina que le dará por fin el premio a la más auténtica de todas sus versiones, Clift prepara su regreso a los escenarios con La gaviota de Antón Chéjov. En el pasado real, antes del accidente, el actor había sido Tréplev en el teatro. En la obra, Conejero reubica ese momento, poniendo en paralelo la promesa del Oscar y el proyecto de La gaviota, la figura de Clift y la de Tréplev. “La obra se maneja entre esas dos puntas y es una invención de Alberto que sobrevuela todo el texto; de alguna manera, es la clave: Clift es Tréplev”, dice Tantanian sobre la relación implícita con el personaje de Chéjov (que, a su vez, dialoga con Hamlet), un joven dramaturgo despreciado por sus nuevas ideas y obsesionado con su madre.

Para el director, es su primera vez al frente de un unipersonal: “Es un cuerpo a cuerpo actor-director muy fuerte, donde no hay ningún otro sostén, tiene que defenderse solo. No es una obra convencional ya que trabaja lo introspectivo pero no como un monólogo interior y en el borde entre ficción y realidad. Nahuel no es Monty Clift, no se le parece ni habla como él sino que es un actor haciendo de. Obviamente, vimos cosas de Clift pero aprendimos para después olvidar”.

El argentino y el español se conocieron el año pasado en Panorama Sur, la usina de creación teatral que dirige el autor de Un cuento alemán, Los mansos, Los sensuales y otras, junto a Cynthia Edul, y que convoca a dramaturgos de Latinoamérica y Europa. Ambos también, sin consultárselo previamente, coincidieron en que el protagonista tenía que ser Cano, que había trabajado con Tantanian en Las islas, de Carlos Gamerro, y a quien Conejero había visto en la obra Un hueco, de Juan Pablo Gómez. 

“¿Cómo no ser Montgomery Clift?”, pregunta desde el principio al público el actor que no es Montgomery Clift sino su máscara. Acompañado por unos pocos objetos, mesa, silla, teléfono, una pantalla donde van pasando algunas fotos y la música de Cole Porter, parte sustancial del entramado, el actor habla con su madre; con Lorenzo, el mayordomo que lo cuida; con un taxiboy, Liz Taylor y una periodista; y con Marlon Brando, en una bañera imaginaria, cuando supo esa triste noche que Chakiris y no él había ganado; cuando supo, al final del acantilado, que era un actor.

Fuente: Revista Ñ

1 comentario:

Nina Olivares dijo...

Me gustaria contactar al Sr. Conejero, decirle que cuando el único Conejero vino a América le agragaron una s al final y ahora somos Conejeros, busquenos, todos los de Chile estamos emparentados, venimos de una sola fuente, soy Nina Olivares Conejeros.