domingo, 6 de mayo de 2012

Mercedes Morán: Buena Gente





“Trabajo para ser más piadosa conmigo”

La actriz estrena esta semana en teatro Buena Gente, dirigida por Claudio Tolcachir, mientras en Telefe protagoniza la segunda temporada de El hombre de tu vida, el unitario de Juan José Campanella Recuerda sus años de militancia y asegura que nunca perdió su “vocación social”.

La fascinación está intacta. La descubrió cuando se subió a un escenario por primera vez. El debut fue en 1983 con El Efecto de los Rayos Gama sobre las Caléndulas, con China Zorrilla y la dirección de Carlos Rivas. Y el encanto por su profesión sigue igual. “Los personajes siempre son un vehículo que me liberan de pudor. Puedo hacer cosas arriba de un escenario que jamás me animaría a hacer en la vida”, confiesa Mercedes Morán. “Todavía sigo necesitando actuar porque siento ese placer, es una mezcla rara de olvidarte dónde estás y al mismo tiempo ser muy consciente. Actuar es un juego que me encanta jugar. Experimenté la capacidad de hacer público un momento privado sin pudor, porque el pudor aparece con la mirada del otro y en el teatro, el ejercicio es olvidarte de esa mirada.”
Morán está a punto de estrenar Buena gente, la obra que la vuelve a encontrar con Claudio Tolcachir que ya la dirigió en Agosto. “Me sentí muy feliz trabajando con él y por eso quise repetir otra vez la experiencia. Además de que me parece el director más adecuado para este universo porque es un eximio conductor de familias extrañas, y sobre todo de materiales que necesitan un tipo de actuación muy real, muy verdadera.”
Desde la semana próxima estará simultáneamente en televisión y en teatro. “Nunca se había dado así porque nunca acepto trabajos simultáneos, lo sufro”, explica. Pero como El hombre de tu vida fue grabado el año pasado, la programación de Telefe y el lanzamiento teatral coincidieron en calendario. Los domingos es Gloria, la creadora y gerente de la agencia de citas en el unitario de Juan José Campanella (Telefe, domingos a las 22:15) y desde esta semana, en el Liceo, le dará vida a Margarita, una mujer de bajos recursos que tiene una hija discapacitada y acaba de quedarse sin trabajo.
–¿Cómo Margarita enfrenta sus dificultades? 
–En el momento en el que comienza la obra pierde el trabajo y ese el motor que la lleva a tener un encuentro con un amigo de su infancia (Gustavo Garzón), que también pertenecía al mismo barrio pobre y que a diferencia de ella, él ha escalado social y culturalmente. Ella se entera que este hombre vuelve al barrio para hacer obras de caridad en el club, acude a su encuentro para pedirle trabajo y además para confrontar una cantidad de cosas del pasado que los unieron y que todavía siguen siendo tema importante en su vida.
–¿Habían tenido una historia amorosa?
–Sí. Y en esta confrontación no sólo confrontan ellos dos sino también los dos mundos a los cuales pertenecen. Hay un poco de resentimiento por parte de ella, y algo de culpa por parte de él como el folklore típico del sentimiento entre ambos. Y de alguna manera Margarita es una mujer con un carácter muy especial a la que le da mucho pudor mostrar su debilidad. Es una persona que ha entendido mal el tema del orgullo. Es una buena mujer, una mujer con buenas intenciones, pero que se equivocó como casi todos los personajes de la obra.
–¿Ella reconoce sus equivocaciones?
–Margarita se da cuenta que se equivocó y que construyó una vida a partir de lo que ella consideró un acto de generosidad cuando era muy joven y eso ha sido el único soporte que ha tenido para sobrellevar la dura vida que tiene. Un acto que ella vive como heroico, ella se sacrificó por otra persona, pero se da cuenta de que en realidad esa mezcla de heroicidad que la sobrevoló cuando tomó esa decisión a sus 17 años, más las circunstancias que tiene que vivir y desenvolverse, no fueron deparadoras de lo que ella imaginó.
–¿Carga con los errores?
–Sí, algunos errores que ella cometió siendo muy joven los ha arrastrado toda la vida y ha creído que esas decisiones habían sido portadoras de algún tipo de grandeza o de dignidad malentendida. Es dura la historia en ese sentido, pero la obra finalmente nos debería invitar a ser menos prejuiciosos.
–¿Menos prejuiciosos en qué sentido?
–En volvernos menos simplistas a la hora de hacer definiciones de grandes temas como lo que es el amor, la suerte y la posibilidad de elección. Uno de los motivos por los que me gustó la obra es que no hay una bajada de línea, no hay un cómo deben ser las cosas. Me parece que es un buen espejo para saber que todos somos duros frente a la equivocación ajena. Todos nos equivocamos, nadie está exento de equivocarse, deberíamos ser más piadosos. Creo firmemente que de lo único que se aprende es de la equivocación y no del acierto.
–Es más fácil digerir los aciertos.
–Claro. Frente a los aciertos es más fácil hacer una lectura y nos adjudicamos méritos que no son propios y nos ponemos egoístas en el triunfo o en el éxito. La piedad ante la equivocación ajena es un sentimiento que experimentamos poco, yo estaría contenta si el espectador puede experimentar un poquito de esa piedad al ver Buena gente.
–¿Cómo sos vos? ¿Te es fácil reconocer tus equivocaciones?
–Uno no es diferente con los demás a como es con uno. Si sos muy exigente para con vos misma, lo cual se vive muchas veces como un mérito, terminás siendo igual de exigente con los demás. Entonces yo creo que ejercitar la piedad con los otros es una buena manera de empezar a ser piadoso con los propios errores. Yo trabajo para ser un poco más piadosa conmigo misma, sobre todo por mí misma y por los demás.
–Volvés a trabajar con Tolcachir, luego de haber dirigido Amor, dolor y qué me pongo ¿Esa experiencia te ayudó a entender más el rol del director? 
–No se modificó mi vínculo con los directores. En realidad tomé la experiencia de dirigir más bien como un ejercicio personal. Elegí un material que no era una obra de teatro sino más bien un show. Yo quería experimentar lo que era estar detrás de una actriz porque siempre sentí que las actrices necesitamos algo extra a la sapiencia de cualquier director, que tiene que ver con una rara mezcla entre contención y libertad. Y resultó fantástica la experiencia individualmente y el hecho artístico en sí mismo que fue bien recibido. Yo procuré que las cinco actrices fueran a trabajar felices para mí. Ese fue el primer y más importante de los éxitos que tuve con esa obra. De todas maneras debo decir que Claudio Tolcachir es un director en el que yo encuentro esa combinación que busco para desarrollar mi trabajo.
–Militaste en los ’70, ¿cuál era la lucha en ese momento? ¿Y en qué se transformó con el tiempo? 
–Mi padre fue diputado en San Luis. La política fue un instrumento natural dentro de mi familia. Si bien él ejercía la política hace cincuenta años, la primera imagen que tuve de un político es la de él: un tipo de una nobleza tremenda que recorría el campo ayudando a la gente y luchando para construir caminos y hospitales. Claramente la política era un instrumento para mejorar la calidad de vida de la gente. Además, es un tipo operado del arribismo, de la ventaja y nosotros no nos enriquecimos, al contrario. Así que en la adolescencia, cuando nace mi vocación social que coincidió con un momento efervescente donde se quería un mundo igualitario y había una fe muy grande de que se generara el hombre nuevo, milité. Y después aconteció esta tragedia donde perdí amigos y tempranamente fui madre. Más tarde tuve una gran decepción con la política y mucho miedo. Hice esa experiencia de ser madre y de alguna manera me retiré. Me quise olvidar un poco de todo pero tengo mi vocación social, hay algo de la infelicidad social que atenta contra mi felicidad privada. Siempre he estado haciendo cosas para calmar ése tipo de dolor que siento con lo que  le sucede a los otros.


Joven con las ideas claras
La universidad y la militancia fueron su universo al terminar el secundario. “No necesitabas militar para sentirte perseguido en ese época, estar con un grupo de amigos en la calle cagándote de la risa ya te convertía en sospechoso y podías ser chupada por un falcón y desaparecer, era así de horrible. De hecho de toda la gente que desapareció no todos eran militantes”. Durante la dictadura militar, Mercedes Morán estuvo detenida dos veces. “La primera vez fue en una manifestación, tenía 17 años y gracias a Dios no me desaparecieron. Creo que me salvé porque era menor. Luego de pasar una noche bastante fea, llamaron a mi viejo para que me venga a buscar. Entonces a las siete de la mañana del día siguiente vino. Yo había caído con mi novio de entonces, él tenía 23 años y había ido a parar a Devoto. En la comisaria mi papá me dice: “Yo me voy a trabajar. Vos andá a casa que tu madre está muy preocupada” y yo le señalé que quería ir a Devoto a ver a mi novio y le pedí plata para el taxi y él me dijo: “una revolucionaria va en colectivo y me subió al 106”, recuerda ahora entre risas. “En ésa época tuve mi primera confrontación con mi padre que me decía que aunque yo militara en la juventud peronista, yo no era peronista sino zurda. Él había sido diputado peronista. Esa era la discusión con él pero siempre fue muy respetuoso. Hasta me acompañó a visitar a mi novio a Devoto y estábamos en esa triste cola con la madre de él, mi suegra, que decía “qué horror estar acá” y entonces mi viejo le respondió: “no tiene que sentir vergüenza, su hijo no está acá por ser un delincuente, su hijo está acá por ser un patriota. Mi padre siempre me apoyó. La segunda vez que me detuvieron fue un domingo que estaba trabajando como encuestadora. Toqué timbre en una puerta con una hoja de ruta que me indicaba y tuve la mala suerte que entrevisté a la hija de un militar y esta mujer sospechó que yo estaba averiguando cuánta plata tenía. Termino de hacerle la encuesta y a media cuadra apareció un patrullero, quedó clarísimo que había sido ella. Sufrí unos aprietes muy feos, no estuve presa, pero fue muy feo.”
 
Por un amor verdadero
“Mecha, puteá que vos puteás bien”, Morán repite la manera en que Juan José Campanella alentó la incorrección de Gloria, su personaje en El hombre de tu vida. “Me gusta el rol que tengo, ser el personaje menos tierno, me divierte quitarle la dulzura porque además se luce mucho. Con Juan nos reímos porque me resisto bastante a putear. No es que me agarra una cosa de moral,  pero la verdad que tengo que reconocer que lo que él me dice por alguna razón es. Trabajar como si fuera cine, me permite verme a un año de haberlo grabado. Veo el programa y me río mucho. Así que gracias Campanella, ya sé que debo hacerle caso”.
En la segunda temporada todos los personajes a su manera evolucionan. Entre su búsqueda de cambios, Gloria comenzó con la idea de hacerse una “refrescadita vaginal” y luego, aunque la persigue el fantasma de su ex, es sorprendida por un nuevo galán que interpreta Víctor Laplace. “En la primera temporada  Gloria no era apreciada en toda su dimensión por el hombre con el que estaba y con el que había una cosa de piel muy fuerte. Ahora la vida le va a otorgar la posibilidad de una relación diferente y ella se va a enfrentar a algunas contradicciones. Sigue el problema de la soledad en los conflictos y se profundiza. A Gloria le aparece un hombre bueno, que la ama y la acepta como es y ella se va a debatir entre que no puede reconocer el amor si no es con mucho sufrimiento o si debe animarse a vivir una relación con estabilidad”.

Un encuentro a destiempo... o no tanto

La historia de Buena Gente encuentra a Margarita (Morán) quien a días de ser desalojada de su casa busca una salida y piensa en Juan (Gustavo Garzón), un viejo amor que logró dejar el barrio y crecer económica y socialmente. En él ve el pasaporte a una nueva oportunidad. Además de Garzón, Verónica Llinás, Silvina Sabater, Marina Bellati y Gerardo Otero completan el elenco de la obra que estrena el martes en el Teatro Liceo, bajo dirección de Claudio Tolcachir. La versión original (Good People) del ganador del Premio Pulitzer David Lindsay-Abaire (Rabbit Hole) fue adaptada para Argentina por Fernando Masllorens y Federico González del Pino.
 
El dato
Estreno
Buena gente se presentará de miércoles a domingo en el teatro Liceo. Rivadavia 1495. Con Morán, Gustavo Garzón, Verónica Llinás y elenco.


Fuente: Tiempo Argentino
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