Golpe de aire


Múltiples puntos de vista para poder mirar de reojo lo inevitable del dolor

Una familia vive en Mar Chiquita en el verano de 2001. Desgaste, inestabilidad económica y la imposibilidad de enfrentarse con la angustia más profunda hace que sus integrantes intenten, como pueden, modificar su historia.

Vuelvo para reescribirlo todo”, dice uno de los personajes. Ya desde los griegos, el teatro ha sido un espacio fundamental para hablar de una muerte trágica, pero en Golpe de aire, el dramaturgo y director Marcelo Mininno se propuso darle un enfoque original al dolor y a las distintas formas en que las personas pueden afrontar un duelo. Aquí, intentarán cambiar los hechos, escribir una nueva historia.
El desafío que tenía Mininno como creador del primer estreno de la temporada 2012 del Complejo Teatral de Buenos Aires, en la Sala Sarmiento, era muy grande. Su primera obra como dramaturgo, Lote 77, fue uno de los mayores éxitos del circuito independiente porteño de los últimos años y estuvo cuatro temporadas en cartel. Ahora, el director eligió una historia que retoma el contexto de la crisis de 2001, trabaja con dos de los actores de la obra anterior y repite algunas estructuras narrativas que lo volvieron tan original dentro de la nueva dramaturgia argentina.
Golpe de aire cuenta el derrumbe de una familia que vive en Mar Chiquita, durante el verano de 2001. Una pareja sumergida en el desgaste de la convivencia y en la inestabilidad económica. El padre, que intenta desarrollar su vocación de escritor mientras no hay plata. La mujer, ignorada por el marido, se refugia en su hermano guardavidas que llega de visita. El hijo, chiquito, quiere festejar su cumpleaños y necesita a sus padres juntos. Y en este entorno, llega una vecina, joven, que se pondrá en medio de la relación y desencadenará una tragedia, que, inevitablemente, termina en muerte.
Lo original es que para llegar a comprender todo este argumento, el espectador tendrá que asimilar, primero, un tono de relato enrarecido, alejado del realismo, que instala a los personajes en enunciadores de sus propias vidas. Como si fuera un juicio, en el que cada uno hace su alegato sobre cómo fueron los hechos. Enuncian y viven los hechos. Al principio, parecerá que los actores hacen sus monólogos, se escuchan, pero no se vinculan. Y mientras avanza la historia, se combinarán con sutileza las acciones dramáticas, con la enunciación de los acontecimientos. Cada uno, expresando cómo fueron las cosas, con la intención de construir un nuevo relato, un cuento que no termine con una muerte tan dolorosa que es imposible de afrontar.
“Yo lo cuento”, será una frase que se escuchará varias veces en Golpe de aire, cuando los personajes intenten reconstruir los acontecimientos. Y hasta en uno de los diálogos se dirá cuál es la tesis de esta obra: un hombre que quiere cambiar su historia porque no puede mirar de frente a su propio dolor. “Vuelvo para reescribirlo todo. El de diciembre todavía no conoce el dolor de febrero. Cambiemos el cuento entonces, habrá otro enero”, dice.
Si bien este recurso –con acciones repetitivas– se puede volver un poco agobiante, la intensidad de las actuaciones y la consistencia del conflicto hacen que el espectador se concentre en lo que está pasando.
Lautaro Delgado, como el hombre empecinado en reescribir su historia, se luce en un personaje que combina su oscuridad y su tono nostálgico, con el dolor. Trabaja al límite, siempre sin exagerar, un dolor que lo supera y se le nota la sensibilidad en la piel y en la mirada. Para el final, todos los personajes darán bocanadas de aire, una forma de respirar frente a la tragedia. Una historia triste, escrita y actuada con una equilibrada delicadeza.

Fuente: Tiempo Argentino

Func.: jue. a dom. a las 21. Teatro Sarmiento (Avenida Sarmiento 2715).

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