Smail
Nota del 2 de febrero
Una propuesta de lujo
“Smail”. La obra de Aníbal Pachano se destaca en Carlos Paz, con un despliegue de música y baile, y un vestuario inusual.
Smail es una maratónica y generosa atmósfera musical en la que conviven desde Amy Winehouse hasta el popular Donald con su clásico de “las olas y el viento”, pasando por baladas románticas y tangos que construyen una identidad propia.
La propuesta sacudió a los turistas y a los cordobeses más costumbristas y adaptados a lo que suele ser la oferta teatral veraniega. Quizás allí esté la clave de su éxito: no hay ruidos extraños ni palabras que puedan ofender a nadie; Smail es un verdadero bálsamo de música y baile que transmite un mensaje tan esperanzador como el que su propio creador, Aníbal Pachano, ofrece al final de la obra.
Pese a que en este mismo horario River y Boca se están sacando chispas por el Superclásico veraniego, la sala del Teatro del Sol no acusa recibo y está repleta. Las luces se apagan, y Aníbal Pachano baja desde las nubes montado en una enorme boca mecánica de color rojo: “todos me la envidian”, asegura él.
Con un escenario de dimensiones pequeñas para la gran cantidad de artistas que se lucen en el show (unos 12), el aprovechamiento del espacio es clave para que unos no se topen con otros. Y así sucede. Entre piruetas y coreografías de distintos géneros, el resultado final es más que logrado.
A Pachano se lo nota feliz y en una versión totalmente alejada del jurado de ceño fruncido que reta y pone notas bajas a los competidores de “Bailando por un sueño” , el concurso de ShowMatch que, tras tantos años de brillante carrera, lo acercó a la popularidad. El público masivo, se sorprende al conocer la verdadera madera de este artista que vivió en Córdoba durante un buen tiempo.
Su hija, Sofía, es otra de las grandes atracciones del show. Con la sonrisa de oreja a oreja y bien acompañada por el resto del ballet, la bailarina deslumbra con sus movimientos perfectos y es -por momentos- lo más aplaudido de este espectáculo que dura alrededor de 90 minutos.
Smail tiene sólo una pausa verbal y está a cargo del humorista Maximiliano de la Cruz, un osado a quien no le molesta salir a escena con un tutu de danza clásica y hacer del ridículo estético una de sus principales armas para entretener a la sala completa.
Con una escenografía prolija y grandes columnas de luces que le aportan un clima diferente a cada musical, la obra de Aníbal Pachano -en la que por supuesto se baila tap, un clásico de siempre de este artista- cuenta con un vestuario de lujo que no abunda por estos lugares: hay trajes finísimos y galeras para todos los gustos. Algunos elementos simples y cotidianos -como una mesa o una silla- se reinventan arriba de las tablas para sumarse a lo coreográfico.
Con la obra a punto de finalizar, y en una confesión íntima, Aníbal Pachano dialoga con la gente sobre el HIV y su manera de vivir la vida. Es que, según dice, “a los 56 años lo más importante es poder sonreír”. Y los aplausos del público, sin excepciones, parecen darle toda la razón.
Fuente: Clarín
Comentarios