Selva Alemán y Arturo Puig: El Precio


“Sorprendidos y contentos”

Ambos actores no pueden creer la buena repercusión que está teniendo El Precio en Mar del Plata. Y lo disfrutan.

D esde que comenzó la temporada, todos los lunes –único día de descanso– hemos tenido cosas que hacer. ¡Imaginate que no tuvimos ni tiempo de venir a tomar un café sobre el mar!”, introduce la actriz Selva Alemán. A su lado, Arturo Puig asiente con la cabeza mientras entra a un café de Playa Grande de Mar del Plata junto a su perra Luna.
“La verdad que no vamos mucho al mar porque en el complejo donde estamos parando tenemos pileta, y además yo comencé a tomar clases de golf y tenis una vez por semana. Con eso tengo casi todo el tiempo ocupado”, dice Arturo y suelta la correa de Luna, que se va a pasear entre las mesas de manera sigilosa.
El famoso matrimonio que lleva más de 20 años juntos está feliz con el funcionamiento de El Precio, la obra que protagonizan junto a Pepe Soriano y Antonio Grimau en el Teatro Corrientes de Mar del Plata, y que recientemente recibió el premio Estrella de Mar a la mejor obra dramática de la temporada.

–¿Cómo están viviendo el éxito de El Precio?
Puig: –Estamos muy contentos y también muy sorprendidos por la respuesta que viene teniendo. La idea de traerla a la Costa fue de Rotemberg, que no paró de insistirnos desde que la vio en Buenos Aires, donde estuvo en cartel durante nueve meses en el 2011. En principio lo dudamos, porque pensamos que el público de verano querría ir a ver obras más light, pero Rotemberg nos repetía que si bien es un drama no es demasiado intelectual y apunta a los sentimientos, y que por eso iba andar muy bien.
Alemán: –Entonces dijimos que sí, pero sin la pretensión de llenar el teatro, la verdad.

La obra sucede en el desván de una vieja casa en Manhattan, que denota un pasado próspero antes de la debacle económica de 1929. Pronto será demolida para dejar paso al mal llamado progreso y asegurar la frágil estabilidad económica de algunos de los herederos que quedaron. Se reunirán Víctor, que es policía, su mujer Esther, quien espera una buena venta o una reconciliación con el otro hermano, Walter, un exitoso cirujano. A ellos se unirá Solomon, un viejo tasador y vendedor de muebles con marcado acento yiddish. Si bien Solomon discutirá los precios, el título El Precio se refiere al valor que todos debemos pagar por las elecciones que tomamos en esta vida.
Puig recuerda que antes de iniciar la temporada solía decir que “el tipo que va al teatro después de un día de playa es muy probable que llegue molido, con pocas ganas de prestar atención a los textos de la obra”, pero a casi dos meses de estar en cartel puede asegurar que “nada de eso ha sucedido”.

–Recientemente, la obra ganó el premio Estrella de Mar. ¿Qué significa para ustedes?
A: –Los premios siempre son una caricia al ego y se disfrutan, pero a los pocos días se olvida todo el mundo, inclusive uno. Para mí, un premio ganado o perdido no significa que se esté mejor o peor que otros.
–¿Extrañan la ciudad, su casa?
A: –¡Ay, sí! Muchísimo. Extraño nuestra casa, nuestras cosas. Tener mis libros a mano, mi ropa.
P: –Yo también ya empecé a extrañar. No tanto Buenos Aires, sino nuestro hogar. La verdad que hacer una obra dramática con un solo día de descanso durante casi tres meses es agotador.

Mientras Arturo pide un café apenas cortado y un agua sin gas para su mujer, Selva confiesa por lo bajo que “pensaría muy bien antes de volver a aceptar hacer una temporada de verano con una obra tan exigente y de martes a domingo, como ocurre con El Precio”. Y desliza, ya con la mirada atenta de Puig, “sinceramente, con un sólo día de descanso no logro reponerme”.

–¿Cómo es un día de ustedes en Mar del Plata?
A: –Nos levantamos tipo 10:30, desayunamos, vemos si hay que hacer pagos –porque hay que estar al día con las cuentas de Buenos Aires– y si estamos libres nos vamos a la pileta del complejo hasta el mediodía. Después comemos algo liviano, yo me voy a revisar mails, Arturo lee un poco y ya después descansamos hasta cerca de las 7 de la tarde, cuando nos preparamos para ir al teatro.
–Al regresar a Capital, ¿tienen pensado tomarse vacaciones?
A: –Sí. No sabemos el destino todavía pero vacaciones nos tomamos seguro.
P: –En realidad hicimos un viaje por Italia antes del inicio de la temporada. De todas formas, supongo que unos 15 días nos tomaremos para ir a algún destino cercano, ya que en abril comienzo a filmar una participación especial en una película protagonizada por Darín, y para fines de ese mes ya iniciamos la gira nacional con El Precio, por lo que no tenemos demasiado margen para irnos lejos.
–Haciendo memoria, a ustedes les tocó vivir el teatro en la última dictadura militar. ¿Qué recuerdan de aquella época?
A: –Muchos de nosotros tuvimos que quemar libros para no generar dudas. Había cantautores y actores prohibidos… y hasta a nosotros nos tocó estar prohibidos en algún momento.
P: –En ese entonces no estaba tan claro si uno pertenecía a una lista o no hasta que algún productor amigo te confiaba que no te podía convocar porque estabas prohibido.
–¿Es cierto que ayudaron a distintos artistas que estaban en listas negras a sacarlos del país?
P: –Sí. Al que logramos sacar con éxito a Ezeiza fue a Piero, y esto lo decimos ahora porque él lo hizo público. Fue una situación muy dura, nos siguieron y recuerdo que estábamos aterrorizados. Fueron momentos difíciles para todos.

De pronto, Selva se levanta de la mesa al ver que Luna anda jugando con la correa suelta, enredándose entre las mesas, algo prohibido en el café, pero como la encargada era fanática de Grande Pa y así lo confesó al saludar a Puig, lo permitió. Arturo continuó con la conversación como si nada.

P: –En el teatro, durante la última dictadura, ocurrió un hecho artístico fantástico: se llamó Teatro Abierto, donde sin que se supiera todas las obras que se presentaban cargaban con mensajes en contra de la dictadura. Lo mismo ocurrió con algunos programas de TV. Yo en ese momento estaba haciendo Compromiso, donde parecía que estabas diciendo una cosa, pero el que podía hacer una segunda lectura se daba cuenta que estabas criticando a los militares.
–En la actualidad, ¿cómo viven el teatro y qué opinan de las políticas culturales?
P: –Creo que por primera vez en estos últimos años se nos está escuchando, porque aun en democracia no se nos daba demasiada pelota. Se está abriendo un camino donde hay cosas buenas y otras no tanto.
–¿Como cuáles?
P: –Los shows gratis que promueve el gobierno en temporada me parecen “pan y circo”. Pienso que el dinero que se usa para pagar artistas internacionales como Julio Iglesias, que hace días vino a Mar del Plata, se puede destinar a otros sectores más necesitados, o al menos, a personalidades de nuestra cultura y no de afuera.

En el bar suena una música lenta y constante, hay poca gente, y cada tanto alguien los reconoce y espía con disimulo. A Selva y Arturo se los ve relajados a pesar del cansancio que acreditan cargar. Ahora restan cinco minutos para que suban junto a su mascota a un remís y se dirijan hacia el teatro. “Luna ya tiene siete años –señala Selva– y desde que es chiquita está acostumbrada a venir con nosotros a todos lados. Este verano la llevamos al teatro todos los días, y es tan tranquila que se queda durmiendo en el camarín durante toda la función.”
Antes de marcharse, Selva recuerda una de sus últimas experiencias bizarras en TV, cuando estaban difundiendo El Precio: “Cuando fuimos al programa de Chiche Gelblung, insistidos por el jefe de prensa, lo primero que Chiche nos dice es: ‘no me gusta el teatro’. Los dos pensamos: ‘Y bueno, nos quedamos porque ya estamos acá, pero deberíamos salir corriendo.’”

Fuente: Tiempo Argentino

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