Christian Sancho


Un actor que va al teatro en subte

Se dedicó al modelaje, fue la cara visible de muchas marcas y hoy se luce como coprotagonista de Vidas privadas,
la comedia que dirige José María Muscari. En televisión está en Los Únicos, interpretando a un robot humanizado.

No es sólo el chico que posa en calzoncillos en los carteles de la autopista. Christian Sancho es uno de los modelos más reconocidos de Argentina, que con el paso del tiempo probó suerte en la actuación y su multiplicidad de trabajos y papeles lo fueron posicionando en el lugar en el que se encuentra hoy.
Desde hace un largo tiempo, Sancho dejó de ser un puñado de músculos inflados, una cara bonita o un mero galán. Dueño de los mejores abdominales de la Argentina y con un look muy característico, logra recoger los suspiros entre sus fanáticas, aunque se autoproclama “alejado totalmente del modelaje”.
Apenas demorado, llega a un hotel de la calle Corrientes dispuesto a la entrevista. Consciente de su popularidad, igual elige tomar un subte para llegar al encuentro con su jefe de prensa. “No tengo problemas de tomarme un subte. No me molesta que la gente me salude. Soy un tipo común”, dice mientras se apresura a posar para las fotos antes de que la tormenta cubra por completo el cielo y el agua no deje usar los exteriores del lugar.

–¿Cuándo se dio la transición en tu carrera de pasar del modelaje a la actuación?
–Se da a raíz de una obra de teatro que hice en el 2008 que a mí me dio la posibilidad de hacer algo distinto. Era una comedia dramática que me sorprendió mi propio laburo y lo que podía generar arriba del escenario. A raíz de eso surgieron trabajos interesantes.
–¿Por qué te atreviste?
–Es una cuestión de crecimiento y madurez. Creo que a medida que uno crece, va madurando en lo emocional y en lo profesional. En mi trabajo, volcar los sentimientos me ayuda a darme cuenta de cuál es mi techo y mis límites. Fui rompiendo esas estructuras.
–Sin embargo, hay muchos modelos a los que les gustaría estar en tu lugar.
–Yo me formé como actor. Soy un actor que trabaja de modelo, por eso estoy donde estoy.
–¿Entonces estudiaste actuación?
–Empecé en Rosario por desinhibición porque era muy introvertido y lo tomé como un método para poder tener una mayor fluidez al desenvolverme en la vida. A medida que pasaba el tiempo, me di cuenta que todos me inculcaban que siga y eso me gustaba. Fui prestando atención. También agradezco la carrera de modelo, porque me ayudó a financiar al actor. Pude no pensar con el estómago, pagar buenos profesores.
–¿Estás haciendo trabajos de modelo ahora?
–Sólo algunas publicidades. Ahora lo hago desde otro lugar, ya me contratan por actor y porque me ven todas las noches en El Trece. Cuando uno es modelo, muestra o vende un producto, pero hoy lo vendo desde una marca registrada. Soy un personaje de una tira.
–¿Te molesta un poco que la gente no se olvide de tu pasado de modelo?
–Eso va en el prejuicio del que lo quiera ver. Yo no me hago cargo de lo que piensen los demás. Estudio para hacer bien mi trabajo y punto. Son muchos años de saber qué es lo que se busca para determinado trabajo.
–¿Con la estética sos muy hincha?
–No. Mirá mis manos, son un desastre. Si fuese jodido usaría cremas y esas cosas todo el tiempo. Yo no le presto atención, pero focalizo en algunas cosas menores porque laburo con mi cuerpo.
–Pero esos tubos nos los hiciste mirando series en el sillón de tu casa.
–Yo hago natación desde muy chico. Nado desde los cinco años y hay poco gimnasio. Uno, al tener una vida familiar, no tiene muchos excesos, y con el paso del tiempo agradezco que me voy manteniendo. A los 36 siento que soy un privilegiado para con muchas cosas en la vida.
–¿Siempre fuiste un tipo fachero? ¿Por eso la pegaste?
–Fue estar en el momento justo a la hora indicada. Llegué cubriendo una necesidad. En ese momento buscaban un pibe de pelo largo, arranqué con una publicidad de desodorante y así fui quedando. Fue lindo, distinto y me dio la posibilidad de darme cuenta que quería ser actor. Los chicos que recién arrancan me ven como un espejo de lo que logré y eso está bueno. ¡Yo vine de Rosario con un bolso, cincuenta mangos y a remarla!
–¿Cómo te llevás con la fama?
–Lo de la fama va y viene. Yo al teatro vengo en subte, no vengo en limusina. Agradezco que me paren para sacarse fotos, porque los actores vivimos de esa gente. Siempre que sea con respeto, todo bien. No me cambia la vida ni se vuelve loca mi cabeza por un trabajo, por estar o no al aire. Soy diferente.

Fuente: Tiempo Argentino

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