Vivir en vos

Vivir en vos
María Elena, en la piel de una actriz sensible como Virginia Lago, transmite lo más sublime de su personaje
MAR DEL PLATA.- Los noventa minutos de este espectáculo se convierten en un remanso poético tan disfrutable que el espectador desea que continúe un largo rato más. Será por eso que ante el saludo final, algunos se acercan al escenario para estrecharle la mano agradecida a una Virginia Lago tan conmovida como ellos.
Vivir en vos permite reencontrarse con las siempre inteligentes, profundas y cálidas palabras de María Elena Walsh a partir de sus textos, poesías, canciones y cuentos, lo que admite un acercamiento biográfico a su vida, pero también a diversas épocas de la Argentina y el mundo.
La pieza tuvo algunas puestas anteriores, pero esta vez, a un año del fallecimiento de María Elena, connota de manera diferente.
La acertada adaptación para teatro que llevó a cabo Javier Margulis sobre los textos posibilita una lectura de éstos sin que pierdan la resonancia que descubre a su autora en cada vocablo. Todo lo que se dice en escena tiene valor específico propio, aún aquellas anécdotas aparentemente sencillas como las que dibujan una infancia más naïf a la que viven los niños de hoy, la hermandad de los vecinos en un Ramos Mejía del siglo pasado o los primeros latidos de mujer. La fascinación ante la figura de Evita o el encuentro con escritores como Juan Ramón Jiménez van trazando el sentir de Walsh sobre aquellos que fueron su influencia. Otros textos bucean en la historia, enjuician a los tormentos bélicos, se enfrentan con los poderes políticos de turno y pintan a un país, el nuestro, y a sus cíclicos vaivenes. Ese transcurrir no es otra cosa que el devenir de una vida, la de María Elena. Así, cronológicamente, la artista va creciendo, viajando, creando.
Su vida fue la génesis y este espectáculo la excusa para repasar textos de profunda reflexión y rememorar aquellas partituras que ya forman parte ineludible del cancionero popular argentino. "Serenata para la tierra de uno" (cuyos versos dan nombre al espectáculo), "El 45", o "El viejo varieté" van desfilando ante una platea que no duda en corear sin pudores y se hermana en comunión convivial cuando resuena aquello de dame la mano y vamos ya?
Niña o mujer. Divertida o comprometida. Diciendo o canturreando. Virgina Lago no imita a la poetisa sino que se pone a su servicio desde un registro emocional que cala hondo en la platea.
La actriz luce exquisita y entrañable. Se adueña de las palabras de la autora para transmitirlas desde lo más profundo de su ser, sintiéndolas. Sólo desde ese lugar se puede lograr lo que Lago provoca en los espectadores. Todo es aprovechado por la intérprete para sacar partido del material y demostrar, una vez más, que el escenario es su lugar.
La dirección de Rubens Correa explora acertadamente la ductilidad de la protagonista. Su puesta en escena es de austera belleza.
El acompañamiento del músico Marcelo Alvarez desde su voz, guitarra y teclados le da a Lago el permiso para cantar con una sensibilidad tan amorosa que supera cualquier limitación vocal.
Los objetos siembran la escena y significan. Una vieja maleta cargada de viajes e historia, un poncho para recrear la etapa folklórica junto a Leda Valladares, una mesa vetusta con mantelito tejido y una mecedora rodean este universo de mágica atmósfera. No se necesita nada más.
Una autora de obra notable y una actriz de excelencia son suficientes para dejar al espectador con ideas y emociones a flor de piel. Y con muchas ganas de volver.
Fuente: La Nación
Sala: Diagonal (Mar del Plata)
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