Excalibur

"Excalibur": Cibrian-Mahler, suntuosidad y larguezas

El musical "Excalibur", estrenado en el porteño teatro Astral, es otro producto de la factoría Pepe Cibrián Campoy-Angel Mahler que deslumbrará el ojo de los seguidores del dúo, ahora con efectos especiales de real impacto.

Como se sabe, el título nombra a la espada del mítico Rey Arturo, un personaje que ha aparecido en la literatura y el cine en incontables oportunidades, y acá es un muchacho irresoluto (Emilio Yapor) obligado por su padre a casarse y subir al trono.

Con un criterio bastante moderno, en plena Edad Media el mozalbete quiere rehuir esos compromisos, sobre todo porque espera casarse "por amor", lo mismo que reclama a su vez la bella Guenevier (Luna Pérez Lening), con quien finalmente compondrá una pareja indestructible.

Allí entra a tallar el Mago Merlín (Juan Rodó), protector de Arturo, que ya no es un anciano venerable sino un hechicero de enorme vitalidad, que a sus poderes mágicos suma una filosofía de vida que deviene nada menos que de pasados fracasos de amor.

Luego de sus oscuros personajes de "Drácula, el musical" y "Dorian Gray, el retrato", entre media docena de interpretaciones estelares para Cibrián-Mahler, el actor y cantante despliega una inesperada energía a la manera de un Puck corpulento y dota a su personaje de una vivacidad inédita.

El trío deberá enfrentarse a la pérfida Morgana (Candela Cibrián Tapia, de excelente desempeño en el último "Drácula"), más la villana Laria (Diana Amarilla), que intenta sentar en el trono a su hijo Golbar (Hernán Kuttel), hermanastro de Arturo.

El espectáculo se basa, como todos los de la dupla, en un grupo de intérpretes jóvenes -algunos excelencias como cantantes y bailarines- y suntuosidades notorias de escenografía, luces, vestuario y efectos de todo tipo.

La novedad de "Excalibur" son sus efectos especiales casi a la manera de Broadway, con fuegos en escena, desapariciones y sobre todo la dichosa espada, que al promediar del primer acto cumple un asombroso vuelo desde el escenario hasta el fondo de la sala.

Hay una pericia evidente en Cibrián Campoy como redactor de los textos y cantables, aunque el problema en estos espectáculos es que, aún para los habitués, la música de Mahler -ahora dirigida por su hijo Damián- es difícil de individualizar y distinguir entre un título y otro.

En este caso parece eludir adrede toda forma de melodía reconocible y grata -la excepción es durante el breve duelo de Arturo por la muerte de Guenevier, entre otras cosas porque Emilio Yapor exhibe un hermoso timbre-, y se remite a seguir los diálogos cantados.

Por fortuna hay gargantas privilegiadas, además de Rodó y Yapor, ya que Pérez Lening, Candela Cibrián, Amarilla y sobre todo Leonel Fransese como el rey padre, forman parte de ese enorme semillero de jóvenes talentos que suele cultivar el director.

Algo que estira la acción en forma innecesaria, además de los dos actos más intervalo, son los diálogos hablados, como si fuera necesario reforzar lo que se dice, en los que incluso se cuela una "humorada" política actual de muy dudoso gusto.

Como en todas sus piezas, Cibrián centra su asunto en la lucha entre el Bien y el Mal y busca el triunfo del amor, por lo que simplifica las cosas y hace bregar a su Arturo por el sentimiento hacia Guenevier, olvidando por completo al pueblo que debe proteger y administrar.

Esa es otra observación a un espectáculo contradictorio, fascinante e indigesto al mismo tiempo, que con los elementos con que cuenta podría ser mucho mejor si Cibrián Campoy no se engolosinara tanto con su propio caramelo.

"Excalibur" se ofrece en el teatro Astral, Corrientes 1639, de miércoles a las 20.30, sábados a las 19 y 22.30 y domingos a las 16 y a las 20.

Fuente: Télam

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