Rubén Segal: Cancún

Ménage à quatre
Por Laura Pérez Diatto
Lola, Laura, Vicente y Pablo son amigos desde hace veinte años: esta es la única certeza de esta obra que transcurre en Cancún, sitio ideal para representar una comedia.
Si decidimos atender al tiempo lineal, Lola está casada con Vicente y Laura con Pablo, pero si pensamos un tiempo circular, las cosas pueden no ser así.
"Cancún", que se presenta hasta la primer semana de diciembre en el Beckett Teatro, plantea una visión diferente del tiempo. Esta historia que puede interpretarse de la manera que al espectador más le guste, está planteada también desde lo formal como algo circular: empieza como termina, si es que se puede decir que empieza, porque en verdad la obra ya está comenzada cuando se ingresa a la sala.
Cancún es el sitio donde miles de personas de cualquier origen se dan permiso para beber a destajo y para hacer realidad sus fantasías más íntimas. Allí Lola, alcohol mediante, confesará un secreto ocultado desde hace años y soñará un destino diferente al que produjo su pecadillo de entonces. Los demás orbitarán alrededor de ella interpretando esta comedia que nos deja pensando en la importancia que tiene cada acción que realizamos y en la posibilidad de un tiempo paralelo y alternativo.
El tratamiento del espacio merece un párrafo aparte. Así como el tiempo se deconstruye para articularse de otra forma, el espacio es conceptualmente elástico y de él se sale y se entra a discreción. Sin develar sorpresas, diremos que esta elasticidad espacial se ve plasmada en los elementos plásticos murales que conforman la escenografía, los que a su vez están en contrapunto con el mobiliario, de ángulos rígidos y bien acentuados. Manuel Escudero, el responsable de la escenografía, decidió en esta puesta rendir un homenaje al arquitecto mexicano Luis Barragán (1902-1988), levantando extensos planos de color saturado, combinando colores cálidos con fríos. El eje de la acción transcurre en el centro del escenario, alrededor del cual los personajes circulan, reforzando con este movimiento el sentido circular de la obra. “El centro, muy sutilmente, debía estar moviéndose todo el tiempo”, dice su director, Rubén Segal, en una entrevista con Blog Teatro.
El rol de la música es importantísimo. Interactuando con los personajes, se interpone varias veces y casi como un actor más, es generadora de climas y dispara situaciones diversas. La música va en vivo, interpretada por Javier Canolik, y a veces por su suplente Maia Segal.
"Cancún" es una adaptación de Paulo Ricci del guión original del catalán Jordi Galcerán ("Dakota", "Carnaval"). El texto dramático sufrió un significativo recorte y se le modificó buena parte del desenlace, entre otras cosas de menor significación. El final es un hallazgo de Segal, quien logra llevar al teatro el lenguaje del dibujo animado. "Cancún" es garantía de diversión y algo más.
¿Cómo elegiste la obra?
La obra fue más un hallazgo que una búsqueda. Yo lo conozco a Galcerán y estaba detrás de otra de sus obras, que acá no se conoce y que tuvo un éxito increíble en España, antes de "El Método Gronholm". Se llama "Dakota" y también es una comedia super original y muy inteligente. "El Método..." es más universal. "Dakota" nunca se hizo. Jordi nos dice que la tiene apalabrada para la Argentina pero faltan dos meses y si no la hacen la tengo liberada. El nos sugirió que leyéramos dos obras: "Carnaval" y "Cancún". La verdad es que la leen primero ellos, yo estaba en Barcelona. Y nos pareció muy divertida.
Después empieza un período de adaptación en el que fuimos reorganizando y cortando el texto. Jordi la aprobó sin ningún problema.
¿Cómo trabajaste para que los cuatro estén a la misma altura?
Son energías muy diferentes. El público me dice “qué bien que están los cuatro”; es decir, que compraron el cuarteto; era un tema difícil porque el personaje de Lola tiene más peso. Para que ninguno se convierta en el centro, había que darle acciones a todos. El centro, muy sutilmente, debía estar moviéndose todo el tiempo y los demás tienen que acompañar, que sostener. La idea fue lograr una unidad.
Sin embargo, el personaje de Laura parece tener menor peso.
Ella tenía un monólogo pero decidimos sacarlo a favor del espectáculo. No privilegiamos el texto para que el actor tenga su momento de monólogo. Al espectáculo, como unidad, le viene mucho mejor que tenga más de acción que de texto y que nos empuje a referencias más de acción que de intelecto. Por eso se sacrifica un monólogo por un juego de acciones y de narración. Nosotros no podemos ensayar la obra si falta uno. El teatro no es el texto dramático. Parece que no tiene trascendencia porque no dice tantas cosas. La presencia sola de alguien en escena irradia una energía. Nada podría jugarse si falta uno de los jugadores. Pablo tampoco tiene tanto texto, comparado con Vicente.
Marcel Marceau tenía un asistente de escena, que era el actor Ariel Berni, que cuando él terminaba un número el pibe tenía que atravesar el escenario con un cartel dando el título del número siguiente, para darle tiempo a Marcel Marceau a que se cambie.
Su única acción fisica era cruzar el escenario con un cartel; y él decía que él se tenía que prepararse más profundamente que Marcel Marceau porque la responsabilidad de él era enorme porque Marcel Marceu dejaba la energía de la entrega escénica en un punto que él tenía que tomarlo desde ahí, sostenerlo y mantener la atención del público hasta que el otro siguiera. Entonces, uno puede decir que el espectáculo es de Marcel Marceau y no es así.
¿Cómo trabajaron el tema del ritmo?
Para sostener el ritmo, “nosotros jugamos mucho, hicimos muchos ejercicios, por ejemplo de pasaje de un sonido”.
Antropológicamente la música es un reflejo sonoro de las estructuras rítmicas que todos llevamos dentro. No es que el ritmo es parte de la música; es al revés, la música es una consecuencia de las estructuras rítmicas que ya existen en todo el universo. El universo funciona por ciclos rítmicos. En Japón está el Jo ha kiu - conceptos desarrollados por el actor japonés Yoshi Oida en El actor invisible-, que significa la progresión universal de las pautas rítmicas que quiere decir que siempre hay una especie de pauta rítmica que sostiene toda la existencia y que en el teatro se aplica la ley que no tiene que ver con los ritmos extrínsecos de la actuación. Según el teatro Noh el Jo ha kiu es algo que se comparte con toda la humanidad, no es solo de los actores. En el momento de la función tiene que encontrarse el Jo ha kiu de cada momento de la actuación, de toda la obra general y de la compartida con el público, entonces es más allá de lo que se ve. Una cosa es la pauta extrínseca y otra cosa es que internamente algo en todo el equipo artístico no afloje. Aunque haya un momento lento hay algo que se mantiene vital, pulsátil, estando ahí; es como si no soltaras nunca al espectador hasta que termina la obra.
¿Hasta cuándo están?
El contrato es hasta la primera semana de diciembre; si se puede, la idea es volver en febrero del año que viene y quizás agreguemos alguna función más temprano. Y también estamos tratando de hacer lazos con una sala de Mar del Plata para ir allá en el verano. Además, estamos leyendo "Dakota", otra obra de Galcerán.
Cancún
Autor: Jordi Galcerán
Adaptación: Paulo Ricci
Intérpretes: Mercedes Diemand-Hartz (Lola), Esteban Fiocca (Pablo), Matías Galimberti (Vicente), Florencia Pineda (Laura).
Músico en escena: Javier Canolik, Maia Segal
Diseño del espacio sonoro: Rubén Segal, Javier Canolik
Diseño y realización de escenografía: Manuel Escudero, Lucía Escudero
Diseño de luces: Fernando Chacoma, Verónica Alcoba
Diseño gráfico y fotografía: Paco Fernández
Asistente de dirección: Magdalena Martínez
Dirección: Rubén Segal
Los sábados, a las 23, en Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556, C.AB.A. Reservas al 4867 5185.
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