René Pollesch: ¡Te estoy mirando a los ojos, contexto social de ofuscación!

“Reivindicamos la primacía del cuerpo”
El autor y director alemán plantea en su obra comunicarse a través de todo aquello que no se comparte, al contrario de lo habitual. Y también cuestiona el valor del alma desde una visión cósmica, “pero no esotérica sino materialista”.
¿Destruir la “ilusión ilusa” o fragmentarla para seguir jugando? La apuesta del autor y director alemán René Pollesch toma, en el inicio de ¡Te estoy mirando a los ojos, contexto social de ofuscación!, la forma de un enlace de citas y enunciados: “Esto que ven acá no habla por todos”, dice el actor Fabian Hinrichs, señalándose, y trayendo y retirando objetos, modificando con su sola presencia el ritmo de la obra. Una forma de comunicación “podría consistir en eso que no compartimos”, reitera, y entonces es probable que el espectador se pregunte qué es eso que se cree compartir, pero no se comparte. ¿El contexto social de ofuscación? Y la idea prende, no por rara sino por el trabajo del actor que, a través del texto y de su acción física, se mete con el teatro “interpasivo” e interactivo, del cual Hinrichs (conocido por su protagónico en la película Sophie Scholl) se mofa, pero aquí lo practica. Cuestiona la búsqueda de un sentido en la comunicación, afirma la primacía del cuerpo y reflexiona en tono distante sobre la muerte para concluir que “nuestro origen y nuestro presente son inestables”. Un “devenir”, como dirá Pollesch, en la entrevista con Página/12, a propósito de esta obra, presentada por la Volksbühne am Rosa Luxemburg Platz, de Berlín, en el Festival Internacional de Buenos Aires. La presunción de que se trata de un compilado de citas es rebatida por Pollesch, quien califica a su texto de coherente, aunque los temas “avancen y retrocedan”. “Lo central –puntualiza– es el cuestionamiento de la primacía o el privilegio del alma sobre el cuerpo. Tema que no es visto como problema, porque, a nivel general, se acepta que el alma tiene más valor que el cuerpo. Nosotros, por el contrario, reivindicamos la primacía del cuerpo.”
El título de la pieza fue tomado de una conferencia que tuvo lugar en la Universidad de Frankfurt, referida a la subjetividad y la ideología, pero el texto se inspira en teorías del filósofo francés Jean-Luc Nancy, autor de ensayos que se han convertido en diagnóstico de esta época, como El sentido o el final del sentido. Pollesch se refiere básicamente a Corpus, y a destacar el hecho de que “somos cuerpo”, recreando, por lo tanto, otras metáforas sobre la subjetividad. Este director ha participado de los ciclos de Nueva Dramaturgia y los workshops, organizados por el Instituto Goethe, y ha delegado la puesta de algunas de sus obras en los directores argentinos Luciano Cáceres y Marcelo Massa. Se desempeñó como programador de la Sala Prater, de la Volksbühne (ubicada en lo que fuera la República Democrática Alemana), y estrenó obras en Europa y América. Durante la entrevista, el director se explaya sobre el cuerpo, el alma, la comunicación, el sentido y lo que denomina “contexto social de ofuscación”. Dispuesto a aclarar con ejemplos, responde de esta manera a la pregunta sobre el valor que se le adjudica al cuerpo: “Cuando en un grupo de personas que conversan, alguien dice ‘no hay que privilegiar tanto lo exterior sino lo interior’, está formulando una frase hecha. Yo, en cambio, abogaría por poner de manifiesto la materialidad de las cosas. Muestro este billete de 100 pesos, vemos su valor y no el papel con que está hecho, o sea su valor interior. Nosotros somos como estos billetes. Nos vemos como mujeres y hombres. Eso es lo exterior, las ‘adjudicaciones’, lo que nos han asignado, los papeles que debemos actuar a lo largo de nuestra vida. Lo interior, lo que somos, es nuestro cuerpo.
–¿Cómo es ese cuerpo así “valorizado” ante la muerte? La obra formula unas líneas de despedida a una madre enferma, y el actor se refiere a la mano: “Una es la mano que me alimenta y otra, la que muere”.
–Cuando vemos a un agonizante en su lecho, consumido, flaco, lo primero que pensamos es que el cuerpo se desintegra, se acaba, pero que ahí hay un alma que pervive. Y eso me parece injusto.
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