Nadie lo puede creer


Nadie lo puede creer

Cuando la vida se acaba, pero se sigue respirando, sólo queda evocar los momentos gloriosos de otras épocas, como una forma de llenar ese espacio vivencial que se va acortando cuando la vejez, sin piedad, arrebata la fuerza y abre el camino hacia una lenta agonía.

Esto les pasa a los personajes de la nueva propuesta de La Zaranda: Doña Visitación y Tránsito (ama y criada) y Moscoso (un pariente lejano). Son seres involuntariamente privados del contacto con los de afuera, agobiados por la necesidad de sobrevivir sin recursos, a los que solamente les queda sentarse a esperar la muerte, que, a veces, viene precedida de mutilaciones. Son espectros, pálidas imágenes de lo que fueron, que vagan por una casa también deteriorada por el paso del tiempo y matizan la espera jugando a la lotería de mesa, inventan ficciones o preparan el funeral que desea la señora y que no se podrá realizar porque el deterioro físico y edilicio también revela la decadencia económica.

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Teatro: 25 de Mayo, Triunvirato 4444

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