Los únicos
Los únicos
Más allá de repetir figuras, un fallido traslado a escena de un buen producto televisivo
En televisión funciona, sin dudas. Pero en teatro, no. La química que se crea en la pantalla chica entre los personajes y que hace llevaderos y creíbles los diálogos más desopilantes y las más alocadas situaciones no se traslada con la misma suerte a escena. Definitivamente. Y el principal problema está en la historia y en la dirección. De punta a punta, Los únicos -en versión teatral- parece haberse resuelto en poco tiempo, más como para aprovechar el buen momento que vive el programa en la pantalla chica que con la seria intención de hacer un producto acabado en sí mismo, con lógicos puntos de encuentro entre ambas propuestas.
El hilo narrativo es tan básico que no funciona mucho más que como excusa para presentar a los distintos personajes que la platea -y hay que reconocerlo- recibe alborozada. Y es allí donde está el eje en el que todo este andamiaje teatral se apoya: en las figuras como Nicolás Cabré, Griselda Siciliani, Nicolás Vázquez o Eugenia Suárez. Con su sola presencia se genera en la platea (mayormente integrada por chicos) un cúmulo de ansiedades y adrenalina -traducida en risas nerviosas, gritos y aplausos- que aumenta sorpresivamente frente a cada gesto reconocible, ése que muchos de los personajes acuñaron como sello distintivo.
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Sala: Opera
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