Federico Olivera
Federico Olivera: “Entre mis amigos, yo era un nene grande”
A los 9 años debutó en el San Martín, mientras soñaba con ser músico, director o psicoanalista. Y a pesar de haber trabajado desde chico, siente que “nunca dejé de jugar”.
Trabaja desde que tenía dientes de leche y, sin embargo, no se convirtió en uno de esos actores que crecieron a la luz de los reflectores, con una vida personal dispuesta para las cámaras. Sus padres no lo plantearon así. Y él, apenas pudo, tampoco. Tipo sobrio, sin brillantina ni necesidad de enumerar sus logros, ‘cuenta’ más que ‘destaca’ . Como que a los 9 años debutó con una obra en el Teatro San Martín y, a los 12, en el cine, de la mano de Juan José Jusid. Otros ex niños de la actuación, de eso hubieran hecho un mundo. Federico Olivera prefirió trabajar, hasta que llegara la hora de jugar. Y ahora, entonces, a los 41, repasa y ve a “un chico normal, ¿por qué no haberlo sido? Mis viejos nunca nos fogonearon para tener dos hijos actores”.
Dueño de un lenguaje cuidado, amplio, poblado de frases, propias y ajenas, que grafican su decir, convierte la entrevista en una charla en la que la ideología, el compromiso y los valores sobrevuelan la mesa de su estudio, en Palermo, donde él se luce como anfitrión. Té de manzanilla, computadora llevada especialmente para mostrar una síntesis de lo que está haciendo en teatro. “No todo el mundo tiene por qué haber visto lo que hago”, suelta, lejos de la teoría de muchos colegas. La pantalla reproduce en pocos minutos el espíritu -atractivo, por cierto- de Volverte a ver , la obra escrita y dirigida por él -cruza el thriller psicológico con la comedia dramática-, que se presenta los sábados a las 23, en El portón de Sánchez.
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