Claudia Lapacó: Filosofía de vida


“Mi deseo es actuar hasta el día que me muera”

La actriz, ganadora del ACE de oro, asegura que nunca se atrevió a soñar este premio. En Filosofía de vida es la mujer en discordia de Alcón y Bebán y confiesa: “Si fuese como mi personaje no me hubiera separado.”

Pensó en su papá. Claudia Lapacó estaba en el escenario del Teatro El Nacional, tenía el ACE de oro en sus manos, la gente la aplaudía de pie y ella sólo podía sonreír, abrir todavía más sus enormes ojos marrones, decir gracias y repetir que sentía que era mucho. El martes 20, mientras posaba para los fotógrafos con los hombros bajos, la cabeza inclinada y un gesto de humildad, la actriz se acordó de la charla que tuvo en su adolescencia con sus padres, cuando les dijo que quería actuar.
“Bueno, pero te vas a tener que destacar.” Eso le dijo su papá a una nena con cara de muñeca y toda la vocación por delante. “Pero él no me lo dijo en el sentido de llamar la atención, ni de ser mediática. De hecho, ni televisión había en aquella época, sino con la idea de que había que trabajar duro y esforzarse. Todo lo que yo he hecho es en base al trabajo y al esfuerzo, nada es de taquito, no porque me es fácil, ni porque el rol me va bien. Entonces, cuando escuché mi nombre para el ACE de oro quedé en shock, realmente no lo podía creer, sólo podía pensar en cómo me gustaría que me estuvieran viendo mis padres”, cuenta la actriz, que pasó de ser la primera vedette del Maipo a interpretar una de las piezas más dramáticas de Eugene O’Neill.
No hay forma de borrar la sonrisa del rostro de Lapacó. Con más de 70 años, la actriz asegura que se encuentra en el mejor momento de su carrera. Viene de protagonizar para el San Martín una obra autobiográfica de Eugene O’Neill y ahora es la mujer en discordia entre Alfredo Alcón y Rodolfo Bebán en la pieza Filosofía de vida, que es un éxito de taquilla. En esta entrevista, la actriz cuenta lo que siente al estar entre dos referentes del espectáculo, por qué ella opina distinto a su personaje y sus ideas sobre su profesión: “Mi deseo es poder actuar hasta el día de mi muerte”, dice.

–¿Todavía te sigue el shock por haber ganado el ACE de oro?
–Ahora estoy mejor. Estuve 24 horas sin voz. A la noche me empecé a preocupar porque si no me volvía la voz y no podía actuar, la verdad que me moría. Pero de a poco volvió. Ni me atreví a soñar este premio. Es extraordinario lo que pasa con los premios en las siguientes 48 horas, porque te llama gente con la que hacía tiempo no te comunicabas pero que en ese momento sienten la necesidad de llamarte y eso me pone muy contenta. Sé que hay gente que ha llorado. Mi nieta también se emocionó tanto. Pero no pienso que ahora voy a descansar. Lo que quiero es seguir tratando de ser mejor con los roles que me tocan. Esta profesión es fantástica, porque nunca hay un tope. Desde el principio siempre se puede subir, subir y subir. Hay un cielo abierto para el actor. No hay un techo. Me siento una obrera del espectáculo, yo no quiero ser la dueña del circo. Soy parte de ese todo que conforma una obra, porque un espectáculo no es nunca una persona.

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