Rocío Marengo

“Estoy lejos de ser una diva”
Se fue de gira con la obra de Flor de la V y hoy disputa con Nazarena Vélez un lugar de opinóloga en Un mundo perfecto. Se autodefine como una “laburadora a full” y asegura que no trabaja para ser famosa.
Fresca, sencilla y más simpática que lo habitual, Rocío Marengo llega al departamento de Las Cañitas a bordo de su camionetita gris. Baja el vidrio y, a través de sus gafas de sol, explica los motivos por los que está tan sonriente. “Chicos, me mudo con mi novio. Los invito un cafecito en la esquina porque mi casa es un quilombo”, dice mientras estaciona en el garaje del edificio.
A pesar de su cordialidad, la bienvenida fue un baldazo de agua fría que una vecina tiró desde el balcón y que casi cae sobre la cabeza de Marengo. “Así baldea su casa la señora. Una genia”, ironiza Rocío mientras se retoca el maquillaje en el espejo del hall central del edificio donde vive.
Después de haber tocado fondo tras dos temporadas que pasó junto a Carmen Barbieri, dice haber sufrido mucho y asegura que está en el mejor momento de su vida: “Creo que me equivoqué en entrar al Bailando este año. Ahora estoy bien. Es un buen momento. Estoy por irme a vivir con mi novio y con laburos lindos.”
Hoy se luce arriba de los escenarios junto a Florencia de la V en teatro y se disputa con Nazarena Vélez un lugar como panelista en Un mundo perfecto, el programa de Roberto Pettinato en América.
–¿Cuándo te diste cuenta de que querías dedicarte a estar en los medios?
–Uno, lo que quiere hacer en la vida, lo sabe desde siempre. Por mi manera de ser tan pudorosa y tímida, yo creo que lo tenía tapado. De chiquita jugaba a ser Susana o Xuxa. En el fondo lo sabía, pero no lo decía. Yo vine a Buenos Aires a estudiar para chef y quería cocinar en televisión. Tal vez no tenía en claro que esta era mi vocación, pero eso ya indicaba algo.
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