Raúl Serrano: El viaje de Don Juan


“Mi teatro es un vínculo con lo que pasa en la calle”

El autor, director, docente y ensayista presenta su nueva obra, inspirada en el Don Juan de Molière, y califica a ese personaje de provocador nato, porque “no acepta a la sociedad tal como está constituida y le cuesta entender el mundo que le toca vivir”.

“Mis ideales en el teatro siguen siendo los autores y directores que piensan sus obras desde la escena, básicamente Molière y Shakespeare. En mi búsqueda de un teatro popular, Molière es el modelo perfecto. Une la cultura de su época con las formas más accesibles del teatro.” Esto dice el autor, director, docente y ensayista Raúl Serrano a propósito de su obra El viaje de Don Juan, inspirada en el Don Juan, de Molière, estrenada en su teatro-taller Del Artefacto (Sarandí 760). Califica a ese personaje de provocador nato, mucho más provocador que la figura del eterno enamorado, porque “no acepta a la sociedad tal como está constituida, le cuesta entender el mundo que le toca vivir, y enfrenta y choca”, enumera. No se ocupa, en este punto, de evaluar a otros, los célebres del madrileño Tirso de Molina (El burlador de Sevilla) y el vallisoletano José Zorrilla (Don Juan Tenorio). Destaca “la construcción medio isabelina y medio brechtiana” de la pieza de Molière, que –dice– se aparta de la concepción aristotélica que exige intriga y crescendo. El estreno de El viaje... coincide con los diez años de la creación de Teatro Del Artefacto (Serrano dirigió y fundó otros) y es la resultante de una serie de lecturas e investigaciones sobre el personaje, su época y la metodología creada por este director de valiosa trayectoria, con formación académica y actividad docente en institutos y universidades de América latina y Europa. En diálogo con Página/12, cuenta que hace tiempo se apasionó por los escritos de Pierre Gassendi, canónigo francés del siglo XVII que criticaba el aristotelismo, defendía la filosofía epicúrea y fue el calificado oponente del filósofo francés René Descartes: “Gassendi combatía la ruptura radical entre el espíritu y el cuerpo sostenida por Descartes y tanto que en ocasión de un anunciado encuentro en Bruselas, bromeó, escribiéndole que esperaba verlo con el cuerpo puesto”, ilustra Serrano.

–Un chiste certero y una oposición atractiva...

–Sí, tenía humor. Esos textos y otras lecturas me animaron a escribir las escenas que insinúa Molière y no presentó, limitado por la censura. El viaje... da cuenta de los derechos del cuerpo, de sus pulsiones y deseos. Mi Don Juan dice que la frontera es el cuerpo, la piel, y vive su vida procurando tocar al otro y ponerse en su lugar. Para la religión judía y cristiana el cuerpo es un problema. Ocupa el lugar del pecado. Soy ratón de biblioteca, y un día descubrí que los integrantes de una secta “hereje”, que se hacía llamar Los Alumbrados, en la España de 1700, proclamaba que todo lo existente es obra de Dios, que Dios se revelaba en la belleza de sus obras, y entre esas bellezas estaban las mujeres. Ese fue el filón para escribir mi Don Juan y formularme una pregunta: si estamos condenados a vivir dentro de la piel, ¿cómo llegamos al otro? Empecé cuestionando el funcionamiento del cuerpo y cruzando el lenguaje de Don Juan con el de Sganarelle.

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