La degustación de Titus Andrónicus

La degustación de Titus Andrónicus

Malas actuaciones en la propuesta más floja de la respetable compañía catalana

Ansiedad es lo que domina el ambiente de un estreno de La Fura dels Baus, luego de tantos años de ausencia con un montaje teatral, y con promesas de emociones fuertes, adrenalina, estímulos sensoriales múltiples y tragedia shakesperiana incluida. A medida que se va llenando el espacio escénico, en el que a un costado, sobre un escenario, un chef prepara comida, el clima se percibe con el entusiasmo de un recital de rock. Sensación que se irá diluyendo de a poco.

Lo inmediatamente posterior, es dramaturgia y performance de extremo impacto visual. Dos candidatos enfrentados, sobre carros que mueven ellos mismos y la primera distribución de bolsitas alimenticias entre los espectadores (convertidos en el pueblo de Roma) consiguen esa pretendida participación lúdica. Luego, un Titus triunfante que ingresa sobre un atractivo carro plateado y sus prisioneros godos adentro de una jaula diminuta. Una hipérbole visual movilizante. Casi de inmediato, el primer sacrificio, violento y de gran conmoción. Pero a menudo que la tragedia transcurre -un resumen preciso de la obra original de Shakespeare- toda esa carga de energía disminuye, se convierte en artificio fatuo y efímero.

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