Joaquín Furriel
Joaquín Furriel: el gusto por lo desconocido
Ya no quiere asumirse como galán de la TV. Formado en el teatro clásico, en “Lluvia constante” se enfrenta a un texto contemporáneo.
Nunca decidí ser actor . De hecho, hasta el día de hoy tengo crisis en las que pienso que debería ocuparme de otra cosa. Que algo vaya bien o tenga un buen resultado me alivia muy poco. Cada nuevo trabajo es un viaje, todo empieza de cero: eso a veces me fortalece y otras, no. Esos cambios de clima constantes me hacen desear, por momentos, una vida más apacible con respecto a esa ciclotimia. A la vez, esa adrenalina también es la que me provoca placer, por eso permanezco en el oficio.
Yo era muy estudioso, pero tenía problemas de conducta . Había una energía que no estaba en el lugar correcto. O sea, era creativo para hacer quilombo. A los 12 años, los psicopedagogos recomendaron que empezara un taller de teatro en mi escuela. Al año siguiente, me incorporé al taller de adultos de la Comedia de Almirante Brown. A los 13 o 14, ya actuaba en casi todos los teatros de la zona sur del Gran Buenos Aires.
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