Ana María Bovo: Maní con chocolate II


“Tengo un público muy fiel”

La actriz, dramaturga y narradora presenta en el Centro Cultural de la Cooperación su obra Maní con chocolate II, un recorrido por films clásicos argentinos, italianos y de Hollywood.

Ana María Bovo asegura que no le gusta cultivar la nostalgia. Lo dice en su casa de techos altos, mosaicos antiguos, jarrones con flores, afiches de cuadros impresionistas y una pequeña postal en un armario, con la imagen de Giulietta Masina, cuando selló para siempre su cara en la película La Strada. Enseguida amplía su idea: “Yo no pienso que todo tiempo pasado fue mejor, sino que busco aprovechar desde el hoy lo mejor de la huella de aquel pasado.” Por eso, en ese hogar de estilo tan romántico sólo se respira vitalidad. Y con ese espíritu, la actriz, dramaturga y narradora presenta su espectáculo Maní con chocolate II, un recorrido por películas clásicas argentinas, italianas y de Hollywood, como Desayuno en Tiffany’s, Soñar soñar y Ladrón de bicicletas.
El espectáculo es la segunda parte del recordado Maní con chocolate, que Bovo estrenó en 2000 y que fue visto por más de 9000 personas. Ahora, con el diseño de luces y de escenografía de Gonzalo Córdoba; la artista profundiza en la poética del autorrelato para adentrarse en su biografía de espectadora de cine. La historia de la obra transcurre en dos construcciones emblemáticas: una fábrica de fideos y el palacio de sus dueños, inmigrantes. Ubicada en estas locaciones, Ana María Bovo recrea la relación entre el encargado de la caldera y su patrona, la dueña del palacio. A partir de ese vínculo, comenzará a narrar películas que están atesoradas en la memoria colectiva como Angustia de un querer, Sunset Boulevard, Desayuno en Tiffany’s, Nos habíamos amado tanto y comedias contemporáneas como Un lugar llamado Notting Hill.
–¿Cómo surgen los relatos de las películas a partir de estos dos personajes?
–Mientras escribía la historia se fue imponiendo con fuerza la relación entre dos personajes: el encargado de una caldera y la dueña de la fábrica, que está impedida de ir al cine, porque su marido está enojado con otros inmigrantes italianos que son dueños de todas las salas de cine de la zona. Entonces, ella tiene que recurrir a ese hombre sencillo pero que es muy cinéfilo, para que le cuente las historias de las películas. Ella está necesitada de cine y ese hombre está necesitado de tantas otras cosas que ella tiene. Los dos entran en un punto de simetría: cuando ella lo escucha tan atentamente, él se siente más joven y a ella le llegan los relatos que de otro modo no conoce. A partir de esa relación, se me fue armando el repertorio, una mezcla de películas del neorrealismo italiano y Hollywood.

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