Smail
Colores de un show
Crítica. “Smail”. Aníbal Pachano dispara sus dardos, y Sofía se luce junto a los cantantes.
A mediados del siglo XIX, el Londres victoriano conoció una forma teatral liviana y popular, denominada music hall, que mezclaba canciones, pasos de baile y rutinas de comedia en dosis parejas. Esa mixtura tuvo una impronta tan efectiva y trascendente que su lenguaje se trasladó rápidamente al cine y sobrevive hasta nuestros días en los escenarios de todo el mundo.
La nueva creación de Aníbal Pachano, Smail (en realidad, se trata de la pronunciación fonética del término inglés smile , que significa sonreír) y su estructura de cuadros que recorren fragmentos de anteriores espectáculos del ahora mediático artista como Dominó , Tangou , Smoke y Varieté para María Elena más algunos nuevos, puede catalogarse en aquella antigua vertiente. Otra vez, la alternancia entre lo sobrecargado del vestuario con la energía e imaginación de las coreografías, pero sin ningún hilo argumental, captura fieles seguidores dispuestos a disfrutar ante el derroche de colorido, el ecléctico popurrí y su ya habitual monólogo final.
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