Juan Pablo Geretto
Sobremesa con Juan Pablo Geretto
Relajado y confesional, rescata las enseñanzas de la vida pueblerina y de una carrera basada en ponerles el cuerpo a las mujeres
Con apenas cuatro años, cinco como mucho, Juan Pablo Geretto se subió por primera vez a los tacos de su mamá. Vivía con dos hermanos y un papá viajante de comercio en Gálvez, una ciudad de la provincia de Santa Fe con rutina de pueblo. No sintió vértigo. Ya por esos días, su maestra del jardín hacía esfuerzos inútiles por alejarlo de los juegos de las chicas; se esmeraba por juntarlo con los varoncitos. Pero Geretto se impuso. Desde pequeño, algo de la impostación lo fascinaba como una verdad, quería ser actor, y aquella atracción infantil por el mundo de las mujeres tampoco lo ha abandonado: con 37 años, en su carrera sólo ha interpretado personajes femeninos en el escenario.
Yo amo a mi maestra normal, el espectáculo que suma más de 250 funciones en el Multiteatro de la calle Corrientes, está inspirado, como no podía ser de otra manera, en las seños de la escuela primaria del pueblo. Porque hay otro asunto indeleble: también sigue muy ligado a Gálvez. Tanto, que lo tiene incorporado en su actual dirección de correo electrónico, como si fuese un apellido: en Internet, Geretto es Juan De Gálvez.
Y nuestra charla, inevitablemente, arranca por ahí.
-¿Qué tal es Gálvez?
-Es un hermoso lugar en el mundo. Tiene una particularidad: no está sobre la ruta. Para llegar, hay que desviarse unos 40 kilómetros hacia adentro en la ruta entre las ciudades de Rosario y Santa Fe. No hay gente de paso. Hay que tener voluntad de ir.
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