Juan Gelman, Cristina Banegas y Rodolfo Mederos: Del amor


“El arte que calma es sospechoso”

El espectáculo que hilvana los poemas del Premio Cervantes, la música compuesta para la ocasión por el bandoneonista y la puesta de Banegas está girando por la Argentina. “Es un diálogo en el que la música se introduce en las palabras y las palabras en la música.”
El suave declive de la tarde trae brisas de la adolescencia en Villa Crespo. “Que no se sepa que pido un té”, bromea Juan Gelman, con ese tono inconfundible de porteñazo, en el living de la casa de Cristina Banegas. Sobre una de las sillas descansa el bandoneón de Rodolfo Mederos. Lo cuida tanto que tiene terminantemente prohibido salir a la calle para las fotos. El bandoneonista, que por momentos tiene la actitud de un chico extasiado ante un pensamiento indómito, puede tomar frío; el fueye jamás. Dios los cría y el amor los junta. Y se sacan chispas. Las anécdotas se suceden como cuentas de un collar. La brisa arrima las bodas de los años ’40, cuando no había un morlaco para pagar una orquesta, pero siempre aparecía, como por arte de magia, algún familiar que despuntaba el vicio de animar las fiestas con un bandoneón. Del amor, espectáculo que hilvana los poemas del Premio Cervantes, la música compuesta para la ocasión por Mederos y la puesta y dirección de Banegas –viejo anhelo concretado el año pasado, cuando se estrenó en España–, llega a su hábitat natural y se estrena en Córdoba, Mendoza, Santa y Fe y Buenos Aires. Para paladear este extraordinario concierto, antes de las dos presentaciones en el Teatro Cervantes, Página/12 entrega mañana el DVD grabado en vivo en Barcelona (ver aparte).

Cuando Banegas puso sus manos en la puesta en escena, convocó al pintor, escenógrafo y arquitecto Juan José Cambre, con quien trabaja desde hace muchos años –“desde la época de (Alberto) Ure”–, para que tramara una escenografía que “no fuera demasiado invasora”. En una pantalla se sucederán los sutiles follajes de Cambre. “Algunos son más figurativos, otros más abstractos, pero se funden en una especie de tai chi, de una imagen a un color, que va transitando los diferentes climas y momentos del espectáculo”, explica la gran dama del teatro argentino. “No es un recital alumbrado a querosén –aclara–. El marco debía ser austero porque la presencia de estos dos señores y de los dos músicos que acompañan a Rodolfo es suficientemente poderosa como para que solo haya que ponerles una buena luz y un fondo de algo que sea, como es en el caso de la pintura de Cambre, de calidad estética.” Gelman propone rebobinar la película y repasar el momento en que los planetas de estos tres artistas que asumen que tienen, cada uno a su manera, debilidad por el fueye, se alinearon. La mano del poeta señala al señor del bandoneón, que toma mate. “Tengo una admiración por Rodolfo que viene de muy lejos. Cuando vine a Buenos Aires y me nombraron Ciudadano ‘y lustre’ –mueve la mano, como si fregara un trapo–, se me ocurrió leer unos poemas acompañado por el bandoneón de Rodolfo. Ahí nació la idea de hacer algo juntos –recuerda–. Pero fueron pasando los años y nos encontrábamos en México o acá sin poder concretar, hasta que al final apareció Antoni Traveria, el director de la Casa América de Catalunya, que propuso que hiciéramos el espectáculo y sobre todo dispuso de los medios. A partir de ahí nos encontramos los tres y empezamos a trabajar. Pero también nos escribíamos correos y hablábamos por teléfono. Rodolfo armó un asado monumental, que habrá empezado al mediodía y terminó un poco antes del mediodía siguiente.”

–¿Fue un asado fundacional?

Juan Gelman: –No sé si fundacional, pero fue riquísimo.

Cristina Banegas: –Todo asado es fundacional (risas).

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* Del amor se presentará el próximo miércoles a las 21 en el Teatro Cervantes (Av. Córdoba 1155). Repite el miércoles 10, a las 21.

Distinción en Córdoba

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