Javier Daulte


“No me interesa cambiar el mundo”

Tiene éxito en el circuito comercial y en el off. Tiene un estilo original y laureado en la Argentina y en España. Hasta ganó el Martín Fierro. Un director imparable y creativo.

En algún momento su forma de hacer teatro se volvió distinta a lo demás. Tanto, que en la escuela de interpretación Eòlia de Barcelona dicen que enseñan el “Procedimiento Daulte” de actuación.

Durante años, Javier Daulte dividió su vida entre la Argentina y España, presentó espectáculos con elencos españoles y entre 2006 y 2009 fue el director artístico de la sala La Villarroel, también en Barcelona. Hace un tiempo sintió que sus viajes al Viejo Continente eran un ciclo cumplido, y todo el trabajo que él exhibía por distintas ciudades del mundo, se lo mostró sólo a Buenos Aires. Por eso, el autor y director teatral hoy tiene cinco obras en cartel: Lluvia constante, Espejos circulares, Baraka y Proyecto Vestuarios en sus dos versiones, hombres y mujeres.

Así, los espectáculos pasan, pero el éxito de su teatralidad –esa que fue una ruptura violenta en los ’90– sigue intacta, tal como se lo demuestra el público cada vez que agota localidades.

–¿En qué consiste “el procedimiento Daulte de actuación”?

–Parece que yo tengo una forma de trabajar con los actores que es muy particular. Y en esa escuela de España utilizan ese método para enseñar. Para mí, el trabajo del actor debe combinar lo lúdico y lo comprometido. A veces se piensa que si el actor hace algo lúdico no está comprometido. Se confunde lo lúdico con lo frívolo y lo comprometido con lo solemne. Yo odio lo frívolo y odio lo solemne. Me parece que son los pecados más grandes del teatro. Entonces, en mi forma de trabajar hay un compromiso con el juego, con lo lúdico. Para mí, el teatro es un juego comprometido. Quiero que los actores estén muy comprometidos emocionalmente con el juego. Eso genera algo interesante en la manera de actuar.

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