Hilvanando cielos
Hilvanando cielos
Impecables actuaciones, entre la devastación y el silencio
"Cordelia mía... qué fin del mundo más torpe nos ha tocado vivir..., qué fin del mundo", le dice hacia el final de la obra el Abuelo a su nieta, a quien ve como Rey Lear a su hija dilecta. Precisamente es ese momento en el que el español Paco Zarzoso instala su Hilvanando cielos . Es ese impensado momento el que vive una familia que se abroqueló en su casa de campo para esperar el apocalipsis. Un abuelo, un padre, una madre, una hija y una vecina narran el final desencantado de sus propias historias. Ya nada importa, o importa de otro modo.
Será por eso que Zarzoso concibió -junto al escenógrafo Gabriel Caputo y la iluminadora Leandra Rodríguez- un espacio tan bucólico, en el que parecería no pasar el tiempo, en el que la luz, los sonidos, los aromas (imaginables) hablan de una quietud anestésica. Algo de Chejov hay en el aire, en la espera de estos personajes que parecerían, sin embargo, esperar algo más que el final. De contraposiciones está armada esta trama en la que se enfrenta lo civilizado y lo bárbaro, lo clásico y lo contemporáneo, la vida y la muerte, la risa y el llanto.
Más en La Nación
Sala: Cunill Cabanellas, del Teatro San Martín.
Comentarios