El burgués gentIl hombre

El burgués gentIl hombre
Hace tres años, el puestista Willy Landin presentó en el San Martín su versión de Las mujeres sabias . Este segundo Molière que monta ahora sigue en la misma línea de aquel espectáculo de gran éxito: muchísimo ingenio, deliciosos anacronismos, texto allanado al habla contemporánea y, sobre todo, mucho efecto audiovisual y multimediático. La comiquísima introducción del contratenor Damián Ramírez y del trío de músicos barrocos es la misma que en Las mujeres sabias . Sólo que en este Burgués gentilhombre la propuesta tecnológica y artística que sigue después se ha radicalizado. En lugar de la alegre variedad de recursos de aquel primer capítulo, hay aquí una idea fuerza que ocupa toda la obra: la de una escenografía virtual.
La acción transcurre en dos planos. El del escenario real es despojado. Los actores, vestidos con trajes de época, son captados por tres cámaras ubicadas en un soporte, en el centro de la escena (a veces tapa lo que ocurre detrás) y sus imágenes se proyectan sobre tres grandes cuadros colgantes. De derecha a izquierda hay dos teatrinos venecianos, también enfocados por cámaras, que proveen los fondos y los decorados que se ven en los cuadros. Si el espectador mira hacia abajo, sólo ve a los actores moviéndose y a unos curiosos asistentes enfundados en mallas azules, refractarias a las cámaras. Cuando el espectador mira hacia arriba, ve la escena completa, aunque dividida en tres partes. Por ejemplo, cuando el burgués aprende a jugar al tenis, en la parte de abajo están los asistentes azules moviendo la pelota de un lado a otro de la supuesta cancha; en la parte de arriba se ve el partido completo, sin asistentes (ya que las cámaras ignoran el azul) y con el entorno "natural" proveniente de los encantadores paisajes que se proyectan desde los teatrinos.
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