Marcelo Savignone: Hamlet por Hamlet (HxH)


“El teatro tiene que ser ambiguo”

El protagonista de la obra es un actor que ensaya el clásico de Shakespeare, pero en el desarrollo se desdibujan los dominios del “ser o no ser”. “Pensé en cómo traer el texto al ahora sin dar ningún dato, sin que se diga ‘soy el Hamlet de Burzaco’”, afirma Savignone.

La voz de Marcelo Savignone es calma: “Trato de oler la función. Trato de visualizarla. Es importante entrar en el equilibrio de la obra. Si no, surgen los desequilibrios del intérprete más los del personaje”. Mientras, los espectadores se acomodan en los asientos del teatro Belisario (Corrientes 1624) para presenciar Hamlet por Hamlet (HxH), pieza teatral que se estrenará hoy a las 21.30 en esa sala que celebra su primera década y de la que Savignone es dueño, director artístico y docente. En ese momento, él está sobre el escenario, pasando las hojas de un libro, ya puesto en la piel del actor que ensayará el clásico de William Shakespeare en sus ratos libres. Lo hará con pasión intelectual y física, encerrado en una habitación con pocos muebles (un colchón, una biblioteca, una banqueta) y aparatos (una filmadora, una grabadora, un teléfono). Lo hará hasta que una luz roja y un timbre le corten el chorro y deba volver a su trabajo. Hasta que la realidad y la ficción se encuentren y se desdibujen los dominios del “ser o no ser”. Esa es la cuestión en la dramaturgia que prosigue a Vivo, el unipersonal de improvisaciones y máscaras balinesas que Savignone despedirá (momentáneamente, según él alerta) mañana a las 23.30, también en el Belisario.

La caracterización de la voz del entrevistado no es un mero cliché narrativo. Las metodologías del “maestro” de actuación francés Jacques Lecoq (el “fondo poético”) y del pintor anglo-irlandés Francis Bacon (la “teoría del accidente”), de las que se nutre HxH, trasuntan en Savignone no sólo una filosofía de trabajo, sino de trato y vida. La búsqueda, el error, la sorpresa, el equilibrio, el juego y –sobre todo– la experimentación son reflexiones que aparecen en la charla con Página/12 y que, sin atisbos de magnanimidad, el realizador propone como mantra de contrapartida a la demencia citadina. “Nada ocurre porque sí”, dirá, por ejemplo. Y, de inmediato, hilará que el año pasado, cuando estaba por empezar a trabajar en esta pieza, Manolo Iedvabni lo convocó para interpretar a Laertes en un Hamlet que se expuso en el Centro Cultural de la Cooperación. “Es que justo...”, pensó primero. “Bueno, dale”, concedió luego. “Hice a Laertes y dirigí a los cómicos. Y estuvo bueno porque me sirvió para ver cómo lo pensaban y cómo lo pienso yo”, sostiene.

–De Hamlet se han realizado infinidad de adaptaciones y hay al menos cinco obras con el nombre del príncipe de Dinamarca actualmente en la cartelera porteña. ¿Qué le atrajo de este texto harto releído?

–En principio me aparece el mito del actor. Mi idea era decir que Hamlet está en el lugar donde transita la obra y se lo ve salir de escena. Por otro lado, me provoca fuertemente el texto, como lo hace Chéjov. Tío Vania genera en la lectura una provocación que me da ganas de hacerlo. Hamlet me genera esa provocación misteriosa y me gusta aceptar los misterios del teatro. HxH tiene como eje el ser o no ser. ¿Soy actor o no lo soy? ¿Soy la escena o no lo soy? Jorge Dubatti dijo algo que me parece clave: “Ser y no ser”.

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