Lluvia constante
Lluvia constante
Tan intensa como conmovedora
Por fin, esta temporada teatral regala una propuesta que permite salir de la sala estremecido, modificado. Aunque Lluvia constante ( Steady Rain ) es una pieza atractiva, la precisa dirección de Javier Daulte y las maravillosas actuaciones de Rodrigo de la Serna y Joaquín Furriel son los componentes que la vuelven una de las propuestas más seductoras de la escena comercial.
Rodo y Dany, dos policías, amigos desde la infancia, transitan episodios que cambian radicalmente su vida y su destino. Estos hechos los intervienen, los surcan y, a su vez, hacen salir a la luz sus verdaderos espíritus. Pero el argumento real de Lluvia constante es la relación entre estos dos tipos... ¿tan distintos? Siempre sus vidas estuvieron unidas, con un camino común. Rodo hasta comparte la familia de Dany. Pero eso puede ser hogar y cárcel a la vez. Uno le pertenece al otro. Uno se deja someter y hasta encuentra placer en darle permiso al poder del otro. Ellos son como ese auto que forma parte de la espectacular escenografía de Negrín, pueden funcionar sin faros. Y así, fluyen con adrenalina, entre la elección y el sacrificio. Keith Huff habla de la lealtad y de la traición, pero también sobre cómo estas dos cualidades pueden habitar de la misma forma en las figuras de dos antagonistas, depende de quién o cómo los mire. La estructura del libro fluye a través de un difícil relato, compartido o cruzado, paralelo o sin sincronía. Pero está la mano de Daulte para volverlo vivo, tanto como para sentirlo.
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